IDA #PAWLIKOWSKI

por Mercedes Orden

Polonia, 2013
Dirección: Pawel Pawlikowski
Guión: Pawel Pawlikowski, Rebecca Lenkiewicz
Duración: 80 min.
Género: Drama
Fotografía: Ryszard Lenczewski y Lukasz Zal

Música: Kristian Selin Eidnes Andersen
Intérpretes: Agata Trzebuchowska, Agata Kulesza, Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik, Adam Szyszkowski, Jerzy Trela.

Con un encuadre 4:3, en blanco y negro y con cierta reminiscencia bergmaniana, así aparece Anna (Agata Trzebuchowska) en el convento donde vive. Silenciosa, escucha a las monjas quienes la “obligan” a que antes de tomar los votos, vaya a conocer a su tía, el único pariente vivo que le queda. Sin mucho para decir, las escucha y asiente. Acompañada por planos poco convencionales, emprende su viaje por Polonia hasta donde vive  Wanda Gruz (Agata Kulesza) quien la recibe en bata de seda, fumando y tras ella un hombre sentado sobre la cama, se viste para irse.
Ana desconoce la vida que lleva su tía e incluso se da cuenta que también la de ella misma cuando la mujer le afirma que en realidad su nombre es Ida Lebenstein, lo cual la convierte en una monja judía. Eso que podría movilizar a cualquier religioso ortodoxo, apenas modifica sus gestos. Un hecho tan traumático como enterarse que sus padres fueron asesinados y aún continúan desaparecidos, parecen ser insuficientes para que sepamos qué es lo piensa, siente o cree. Luego de un intento fallido de la mujer para sacarse de encima a su sobrina, se sientan a ver viejas fotografías que llevan a la joven a querer dar con el paradero de los cuerpos.
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Wanda es una ex jueza del partido comunista que carga con algunos vicios. Su copiloto es una novicia que nunca deja de rezar, incluso mientras la mayor sale,  se emborracha, pasa una noche  en prisión y tiene sexo con desconocidos. A esta road movie bizarra, y por demás interesante, “libertina versus conservadora” que plantea el director Pawel Pawlikowski  se le suma un joven saxofonista para ponerle un poco de Coltrane a tanto silencio a la vez que le muestra a Ida lo que  acostumbra a hacer la gente de su edad.
Ya en Lublin, todo el pueblo al que interrogan hace el mayor esfuerzo por olvidarse y negar a los judíos que conocieron. Con planos donde la figura se pierde en un fondo que ocupa el rol protagónico, el recorrido traspasa el intento de saber qué fue lo que ocurrió con los Lebenstein para convertirse en la búsqueda personal de ambas mujeres al reencontrarse con su historia.
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Focalizadas en llegar hasta el final de la búsqueda que emprendieron, la única pista que tienen es Symon Skiba, y van hasta el hospital donde agoniza convencidas de que sólo él puede responder a sus interrogantes, y no sólo acerca del  fallecimiento de sus familiares sino también de la vida de la muchacha. Llegan hasta un bosque (similiar al de La infancia de Iván , de Andrei Tarkovski) el cual será el que las ponga cara a cara con su pasado, pero también con su destino. Luego toman la ruta y vuelven, o intentan volver a la cotidianeidad de cada una, lo cual, a veces puede resultar imposible.

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