THE TALE OF PRINCESS KAGUYA #TAKAHATA #BAFICI2015

por Mercedes Orden

El cuento de la Princesa Kaguya, dirigida por Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas, Recuerdos del ayer) nos envuelve en un entorno onírico, con trazos suaves como acuarelas, y avanza en un nivel de fantasía a partir de una animación que no necesariamente atrapará únicamente a los más chicos.

La historia comienza con un anciano recolector de bambú en un bosque cuando de un brote luminoso nace una princesa mínima que pronto se convierte en un bebé. Él junto a su esposa comienzan a criarla en un ambiente natural, ayudados por ciertos poderes místicos que pronto les son dados, para que la pequeña se alimente y luego tenga los recursos suficientes como para costear su vida en la Tierra.
mapaUn grupo de pequeños vecinos, comandado por Sutemaru, será quien le enseñe a Lil’ Bambú (así la llaman) la riqueza de ese entorno con aves, bichos, bestias, pastos, árboles, flores y todo  lo que la canción tradicional una y otra vez nombra.
La princesa crece sin cesar hasta que alcanza su madurez y sus padres adoptivos se ven obligados a llevarla a vivir con ellos dentro de un palacio. Alejada de su casa del bosque, una institutriz le enseña buenos modales a la vez que la prepara para ser una verdadera princesa. Ya convertida en la más bella de todas, una serie de candidatos llegan hasta allí para pedir su mano pero ninguno le conforma. Ella no logra comprender cómo desearía alguien casarse con un ser desconocido, y por eso los reta a conseguir ciertos elementos imposibles, y el que lo logre, será su marido.
Mientras tanto Kaguya sigue pensando en Sutemarú y en la veloz temporada que pasaron juntos  al aire libre, mientras arregla su jardín y teje en un telar solitario, apartado de todo lo que le daba felicidad. Pero hay lugares y momentos a donde no se puede regresar, y mucho menos cuando ya pidió a la Luna que vuelva a buscarla, y como dice la canción, si  ésta escucha que la extrañan, volverá.
princess-kaguya-laughing

Más de dos horas de animación no parecen ser demasiados en esta historia que además de sostenerse por ser una valiosa adaptación del cuento popular japonés “El cortador de bambú”, lo hace en cuanto a la riqueza estética de los fotogramas, con colores pasteles y trazos suaves (exceptuando en el contraste de tonos fuertes cuando la princesa se escapa), donde uno por uno parecen ser cuadros dignos de ser contemplados.

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