MECÁNICA POPULAR #AGRESTI

por Mercedes Orden

Argentina, 2015
Guión y dirección: Alejandro Agresti
Duración: 90 min.
Montaje: Anabella Lattanzio, Alejandro Agresti
Sonido: José Luis Díaz.

Fotografía: Marcelo Camorino
Intérpretes: Alejandro Awada, Patricio Contreras, Marina Glezer, Romina Ricci, Diego Peretti

 

Mario Zavadikner (Alejandro Awada), director de la editorial Mondo Verba, llega de noche hasta su oficina con el fin de quitarse la vida. Entre libros como El origen de la tragedia y cuadros de Freud, Shakespeare y Kafka, escucha una voz femenina que lo llama. En la oscuridad encuentra a Silvia Beltrán (Marina Glezer), quien estaba haciendo guardia en el edificio hasta encontrarlo, con un único deseo: que él publique su novela.
Zavadikner ya no tiene contacto personal con las obras, apenas sigue lo que un séquito de colaboradores le sugiere a través de resúmenes y valoraciones personales sobre el material que llega y por tanto desconoce la literatura de Beltrán. “Si no me lee, me mato”, amenaza, revolver en mano, la escritora poco talentosa (según las conclusiones de esa especie de logia comandada por el editor que interpreta Diego Peretti).
Mario y Silvia, opuestos e iguales, toman tanto Jim Beam que da calambres, conversan sin nada que perder, como una catarsis de hora y media, donde exponen cierto patetismo que incluso los hace errar al intentar quitarse la vida. Entre ellos interviene el guardia del edificio (Patricio Contreras), que llega asustado al escuchar ruido de disparos y el cual hace años viene leyendo los libros de Mondo Verba que le pasan los otros editores.
Más allá de los largos y engorrosos textos que le tocan decir al protagonista, donde hay que mantener una atención constante para no perder el hilo, es necesario destacar su interpretación teatral y la de Contreras, quien en ese personaje que parece estar en el polémico camino de la barbarie a la civilización, aporta cierto tono de comicidad en  una atmósfera donde las palabras generan tensión.

Mecánica Popular nos muestra el desencantamiento del mundo intelectual, el fracaso de quienes durante la dictadura militar, en vez de afrontar lo que sucedía, decidieron resguardarse en la retórica, la filosofía y el psicoanálisis (esa crítica constante es la que hacía la otra Silvia, Romina Ricci en el papel de la mujer de Mario, la cual era rebajada por el temor que su lucidez generaba). Al interior de la esfera intelectual, la película se encarga de sacarle el cuero también a los editores inescrupulosos, y a mostrar la desigual relación de poder entre éstos y los escritores que, ilusionados, llegan con sus obras a un lugar donde lo único que prima son los requerimientos del mercado.
La ambigüedad, la paja intelectual,  el discurso vacío, las revistas de psicología por correo, todo en este mundo de sarcasmos creado por Agresti hace de enorme crítica (suya sobre todo) acerca de lo que no es lo popular, pero lo llamativo es que es contado con una retórica que tampoco lo es, ni pretende serlo, claro está.

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