HISTORIAS BREVES 12 #INCAA

Por Flavia Schipper

¿Se puede conmover al espectador en quince minutos?

Historias breves 12 nos muestra  que para lograr que la historia nos llegue basta con contar bien el cuento, hacer la cosa emocionante, meter buenos planos y hablar de lo que importa. Pero además nos da un plus: actores argentinos haciendo brillar sus personajes. A través del concurso de cortometrajes del INCAA  podemos ver el trabajo de jóvenes cineastas en producciones completamente nacionales.

A partir de mostrar historias que suceden a lo largo de nuestro país en contextos bien argentos, los ocho cortometrajes abarcan temas que tienen que ver con relaciones humanas y van desde tópicos como el impacto de la globalización en comunidades aborígenes, pasando por violencia de género, pubertad o inclusive, bien al estilo de series como Black Mirror, hablar del uso de la tecnología en un futuro no muy lejano.

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La canoa de Ulises, de Diego Fió

Itaeté (Isabelino Paredez) es un hombre de mediana edad que trabaja en el monte con su hijo, Ulises (Luis Chamorro). Ulises no se hace llamar por su nombre guaraní, Vaiyá.

Parece vivir distraído escuchando música con su celular y sus auriculares Sony, cuando un accidente transforma la rutina diaria. Con diálogos completamente en guaraní, este corto nos habla de la convergencia de dos mundos: el globalizado y el que se aferra a las tradiciones de una comunidad originaria.

El plan, de Victor Postiglione

Dos hermanos suelen jugar en el campo. Cora (Julieta Rapalini), la mayor, le enseña a su hermanito Valentín (Joaquín Rapalini), a alcanzar una rama. Juegan a este juego todos los días, hasta que logran bajarla del árbol. Su padre Otto (Guillermo Pfening) es un esposo misógino y golpeador. Su madre (Paula Carruega) parece estár atrapada por siempre en esa relación de violencia, pero el plan de Cora, que empieza con una rama, la liberará de ese martirio.

2.

Cimarrón, de Chiara Ghio

Es el relato de un hombre (Daniel Cabot) que en la soledad del campo parece haber enloquecido. El miedo lo lleva a cometer actos irreversibles. Una historia carente de diálogos pero llena de tensión narrativa.

Una mujer en el bosque, de  César Sodero

Gloria (Elisa Carricajo) no habla, pero siente. Se nota que está enamorada de Jorge (Marcelo Subiotto), un hombre alegre, que la ama e intenta vivir en la más absoluta cotidianidad al lado de esta mujer misteriosa. La historia nos revela que Gloria no es humana, sino algo así como una androide con fecha de vencimiento.

Con interpretaciones bien logradas y un argumento que cierra, esta es la historia de un hombre que se resiste a terminar con su amor aunque la tecnología le indique que hasta las relaciones de pareja pueden ser desechables.

Las nadadoras de Villa Rosa, de Josefina Recio

La adolescencia les llega a las alumnas de natación de Villa Rosa, llenas de secretitos de amor y rebeldías. La fotografía en colores pastel, acompaña un relato sobre la pérdida paulatina de la inocencia.

El inconveniente, de Adriana Yurcovich

La nota ya conocida de cómo hacen los viejos cuando se les corta la luz esta vez se cuenta puertas adentro. Elvira vive en una casa chapada a la antigua pero llena de comodidades. Su familia le avisa que no irán a pasar la nochebuena con ella y su humor ya no es el mismo. Lo peor llega cuando un típico corte de luz la hace pensar en estrategias que le hacen perder la dignidad para enfocarse en lo más importante: sobrevivir.

Las liebres, de Martín Rodríguez Redondo

Mariano tiene hermanas que lo maquillan y un padre que quiere enseñarle a ser hombre. De la manera más cruel, este nene de unos cinco años descubre que a veces las costumbres tradicionales pueden ser perversas.

Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia, de Dolores Montaño

Dos oficiales de policía y un cadete comparten el interior de un camión hidrante. Con el trato de un caudillo, los oficiales denigran al joven que está nervioso en su primera misión contra lo que llama una “manifestación de negros”.

“No son negros, son zurdos” corrige uno de los viejos, mientras el otro juega al Candy Crush, como si el operativo fuera algo de todos los días. Con una combinación perfecta entre imagen y sonido, el relato nos muestra que a veces las fuerzas policiales toman la realidad como un juego.

 

 

 

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