DESPUÉS DE NOSOTROS #LAFOSSE

por Mercedes Orden

Toda separación implica necesariamente un duelo, aunque a Boris (Cédric Kahn) y Marie (Bérénice Bejo) no se les hace nada fácil poder llevarlo a cabo. Después de nosotros (L’economie du couple) narra la historia de lo que ocurre entre sus protagonistas mientras buscan el modo de separarse. En medio de ellos están sus hijas, Jade y Margaux (Jade Soentjens y Margaux Soentjens), que oyen los gritos, prestan atención a las incriminaciones continuas, a la vez que intentan procesar esta etapa como pueden.
Ya en el comienzo nos encontramos con Marie sobrepasada intentando mantener la rutina y el orden del hogar, a la vez que manda a las niñas a bañarse y comienza a preparar la cena. En ese momento Boris llega, con total naturalidad, aunque no debería estar ahí.
Si bien la decisión de separarse ya había sido tomada, en el medio hay una casa que se disputan y que lleva a que ninguno de los dos la abandone. Pero hay reglas, días y horarios pautados, pero el hombre no cumple, por ejemplo: llegar luego de que las pequeñas se duerman los días que le tocan a ella. La cámara sigue obsesivamente a la mujer y, sobre todo, su enojo -acentuado por los negocios sucios y desconocidos que persiguen a Boris hasta donde está su familia.
La pelea por la vivienda parece no poder resolverse. Si bien Marie había puesto sus ahorros y los de su familia para comprarla, es quien paga las hipotecas y mantuvo a su pareja  por quince años, su ex esposo insiste en que fue él quien colocó los pisos, las paredes e hizo todas las remodelaciones necesarias y que, por tanto, la mitad le corresponde.

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Después de nosotros plantea una situación en que el diálogo se hace imposible: mientras Marie plantea un discurso de separación, el de Boris es de negación -incluso a la hora de encarar la charla con sus hijas- con una actitud chiquilina que lo lleva a comportarse de manera caprichosa. Ya no hay vuelta atrás para ellos pero tampoco encuentran la posibilidad de poder llegar a un acuerdo de un modo adulto. Viven juntos pero duermen en camas separadas, ni siquiera pueden estar ambos en una misma habitación sin que la sensación sea que todo puede explotar de un momento al otro.
El director belga Joachim Lafosse plantea un escenario donde la división de bienes es acompañada por la de las personas y donde actitudes infantiles se disputan el amor y la aceptación de los demás. Sobre todo el de las niñas, los amigos e incluso el de la madre de Marie, quien compara a las relaciones modernas con heladeras nuevas que se desechan ante el primer inconveniente.
La locación donde -casi- todo ocurre es una casa cálida y luminosa que contrasta con la situación de tensión continua que hay en su interior. El espacio responsable de la imposibilidad de separación física que boicotea la emocional es acompañado por piezas de Bach que marcan el clima del relato.
El resultado es un drama cuyo realismo funciona por plantear una situación que atraviesan varias parejas luego de poner un fin y donde lo material -incluso a costa de quedarse sin un techo- es la excusa de otra cosa: un impedimento mayor y que atraviesa a la historia de la relación, pero sobre todo de ellos como individuos y el darse cuenta de que su ilusión llegó a su fin.

Bélgica, 2016
Dirección: Joachim Lafosse
Guión: Fanny Burdino, Joachim Lafosse, Mazarine Pingeot, Thomas van Zuylen
Fotografía: Jean-François Hensgens

Reparto: Bérénice Bejo, Cédric Kahn, Jade Soentjens, Margaux Soentjens, Marthe Keller,Catherine Salée, Tibo Vandenborre, Philippe Jeusette,
Duración: 100 minutos

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