LAS HISTORIAS DEL ABUELO PICO #MARIANOCORBACHO

Por Flavia Schipper

PH: Carolina F. Fracarossi

En la semana de su estreno en el Cine Gaumont, Mariano Corbacho nos cuenta sobre la historia personal que inspiró a 70 y Pico, un documental sobre su abuelo, su vínculo con el aparato represivo de la última dictadura  cívico-militar y la lucha estudiantil.

Mariano Corbacho es nieto de Héctor “Pico” Corbacho, ex decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU). Durante su gestión transcurría la última dictadura militar, en la que desaparecieron estudiantes y docentes, se censuraron libros y proyectos educativos.

A partir de las anécdotas de su abuelo, Mariano reconstruye la imagen que tiene de él, y se dispone, con una extensa lista de fuentes, a llenar huecos históricos escuchando diversas campanas que incluyen militantes de agrupaciones de izquierda, docentes de la facultad, y a su propio abuelo, que abiertamente admite que simpatizaba con los militares.

Su expresión serena, y sus palabras directas son propias de las personas vehementes, de quien ve con claridad el pasado y luego de haberse hecho muchas preguntas, puede contarlo sin titubeos.

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¿Cuánto tiempo de trabajo duró el proyecto?

El proyecto lo empezamos hace 4 años o un poquito más. La primera parte del proceso ha sido como una investigación más dura en el sentido general del período, retrotrayéndonos desde lo que sería la Revolución Cubana -del 59 en adelante fue nuestro análisis más general contextual-, pasando por diferentes dictaduras nacionales, el Onganiato, el Mayo Francés  y la Revolución China, siempre a nivel internacional y nacional, para luego sí centrarnos en un recorte específico de lo que hace al mundillo universitario y a la facultad de arquitectura en específico. Es importante mencionar el hecho de que trabajamos siempre en conjunto con Juan Pablo Díaz, profe recibido de la Facultad de Filosofía y Letras de Historia y con Martín de Dios, que con él estudiamos cine. Juan ha sido un pilar troncal para la organización del film.

“Tratamos de sacar esa imagen del militante como factor externo que interviene en un espacio y entra a ‘rosquearla’, sino que los presentamos como estudiantes, porque eso es lo que eran.”

¿A todas las fuentes les dijiste que estabas haciendo un documental sobre tu abuelo?

Sí, claro.  Tuvimos un proceso de acercamiento a todos los actores sociales, primero sin las cámaras, les contamos el proyecto, cuáles eran las intenciones, cuál era la vinculación con mi abuelo desde ya y la perspectiva desde la cual queríamos construir el discurso.  Entonces ahí se generó todo un proceso de acercamiento de discusión y de saciar dudas -de ambas partes-. Los acercamientos fueron definiendo cuánta información podíamos obtener de cada entrevistado. Porque también cuenta el período en el cual estudiaron, en eso tratamos de ser lo más fieles posibles a su participación a la interna del espacio.

¿Por qué decidieron incluir una obra de teatro, qué aportes les hace “Biblioclastas” al relato?

Nosotros conocíamos la obra de “Biblioclastas”. Jorge Pelé Gómez fue la primera persona que entrevistamos para el documental. Nos pareció que en el marco de lo hablado con mi abuelo -lo que había hecho mi abuelo que fue la destrucción de los materiales de la facultad, el lo admite y el lo dice, es lo único que admite-, nos pareció que se conectaba con mi abuelo al admitir efectivamente un hecho expreso de censura. 

Cuando él lo confiesa en el contexto de que las boletas “sobraban” y por eso mejor era tirarlas.

Si, nos parecía que tenía la importancia de ser retratado el hecho no en un sentido arbitrario, es decir de la concepción de mi abuelo, exclusiva de la facultad de arquitectura, sino enmarcado dentro de un proyecto represivo hacia distintas esferas -obviamente física- pero también hacia cultural. Entonces nos dimos la posibilidad de entrevistar a Pelé y a Hernán Invernizzi que es un teórico que ha investigado muchísimo sobre la represión a la cultura, en un libro que se llama “Un golpe a los libros”.

¿La idea inicial del documental fue hablar de la historia de tu abuelo o ir hacia el movimiento estudiantil tomando en cuenta tu cercanía con él?

La idea fue siempre contar la historia a través de la figura de mi abuelo,  no queríamos que se centrase estrictamente  en lo personal sino ir de lo personal-individual hacia lo general, y en ese sentido sabíamos que los diferentes grupos revolucionarios, los diferentes movimientos sociales que se gestaron en aquellos años, habían tenido un desarrollo muy profundo. Por eso tratamos de sacar esa imagen del militante como factor externo que interviene en un espacio y entra a “rosquearla”, sino que los presentamos como estudiantes, porque eso es lo que eran, estudiantes, y después en esa inserción dentro de la facultad empezaron a construir una identidad político partidaria, por eso hacemos un juego formal de presentarlos como estudiantes y  luego como militantes porque ese fue su desarrollo natural.

¿Con tu abuelo fue fácil trabajar? Dice en un momento que no quiere seguir hablando, pero ¿accedió todo el tiempo, fue abierto a su posición política?

Si claro, parte de la película es el hecho de que mi abuelo dejase de manifiesto siempre su posición política y su visión auto construida de aquellos años de su gestión. Siempre estuvo dispuesto a hablar y siempre estuvo dispuesto a compartir sus experiencias conmigo. También en parte desde esas anécdotas es desde donde se estructuró el relato, que fue la primer base de información, o sea, antes incluso de poder hablar del contexto general mi abuelo era la fuente.

¿Y con tu familia?

Siempre todos –mis hermanos, mi vieja-  estuvieron dispuestos a acompañarme, e incluso me acompañan en las proyecciones, pero sí sirvió como excusa para poder hablarlo. Nunca habíamos podido hacerlo con ese nivel de detenimiento y al menos en mí era como una necesidad. Estuvo bueno porque la primera vez que pudimos hablar del tema fue delante de cámara.

En una entrevista para el festival Cinetekton dijiste que el documental también tiene como finalidad invitar al debate y que las personas no cargaran con esta “mochila” de tener algún familiar que estuviera involucrado de la manera en que tu abuelo lo estuvo con la dictadura. En este sentido ¿fue difícil para vos hacer un documental hablando de tu abuelo y teniendo en cuenta el lazo emocional que los une?

No, sí hubieron contradicciones afectivas, que las tratamos de dejar lo más explícitas posibles dentro del material, pero jamás hubo un “no lo vamos a hacer”. Generalmente incluso pasaba que a los amigos o colegas les contaba de la película y me decían “che pero vos tenés que hacer terapia” magnificando una situación que en lo personal no excedía más allá de las contradicciones afectivas, que sí sucedían, y nunca hubo un tirarse para atrás ni tampoco acelerar procesos. En la película también el ritmo de las entrevistas estaban muy mediadas por mis ánimos. Por ejemplo hacía una entrevista con mi abuelo, por ahí pasaban dos semanas y hacíamos otra, o  por ahí pasaba un mes y medio.

“Yo me veía en mi abuelo y el me veía a mí. Estaban las arrugas, pero así y todo había una identificación genética, y en esa identificación por momentos había una separación, por la forma de construcción ideológica que tenía mi abuelo.”

¿Es decir que hubo un trabajo personal de tu parte sobre los afectos para poder realizar el documental?

Hay toda una parte en la que se deja de manifiesto esta cuestión del pasado y el presente, con la foto en la que estamos brindando con mi abuelo y esta decisión de encarar el proyecto, las dudas en mi familia, pero también hay un momento que es cuando mi abuelo está en la cama entrando a contar sobre mayo del 74 y donde la voz en off habla sobre como está envejeciendo mi abuelo y que a veces me reconozco en el rostro de mi abuelo y a veces lo desconozco, refiriéndonos al costado más represivo. Yo me veía en mi abuelo y el me veía a mí. Estaban las arrugas, pero así todo había una identificación genética, y en esa identificación por momentos había una separación, por la forma de construcción ideológica que tenía mi abuelo. Esto lo ponemos en relación a ese momento que era mayo del 74, donde todo ese proceso que vivía la juventud identificada con Perón, por ser el líder que daba nombre al movimiento, pero también hay un proceso de distanciamiento por parte de los jóvenes, y también se da esa contradicción, afectiva, si se quiere, ya que mi abuelo ha sido una figura importantísima en mi vida.

Este jueves 24, 70 y pico llega al Cine Gaumont, con el antecedente de haber sido bien recibida en los circuitos donde se estrenó, como el Centro Cultural Colmena (CCC) y en el festival Cinetekton que vinculó cine y arquitectura, en donde recibió una mención especial.

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