LA JEUNE FILLE SANS MAINS #LAUDENBACH #MARFICI

por Mercedes Orden

Una especie de diablo que se personifica en un anciano -que cobrará forma de niño y luego de mujer- logra que un hombre no mate a un animal para comerlo. A cambio de eso, le entrega un río de oro, con el fin de que ni él ni su familia vuelvan a pasar hambre. Pero se podrán imaginar, ya desde el comienzo, que un río de esta talla no puede no tener un alto costo pero el hombre se muestra dispuesto a pagar las consecuencias con tal de no volver a estar en la miseria.
Adaptando un cuento de los hermanos Grimm, la ópera prima de Sébastien Laudenbach muestra a la ambición a partir de trazos de acuarela, poniendo este tema en la responsabilidad de un jefe de hogar que es capaz de dejar que su mujer muera asesinada por animales salvajes y cortarle él mismo las manos a su hija para poder quedarse con ese oro ilimitado.

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Manejando climas que van de la tragedia a momentos más amenos y distendidos, este largometraje francés construye un relato oscuro -tanto en su estética como en su contenido- alrededor de esa niña que tiene que aprender a manejarse con muñones. La jeune fille sans mains toma lo oriental no sólo para darle forma a sus animaciones -con cierta reminiscencia a El cuento de la princesa Kaguya– sino también respecto al carácter zen que inunda la narración, especialmente en la necesidad primordial de que los sujetos estén en armonía con la naturaleza.
En este caso, el personaje que más maneja esa armonía es la joven, quien luego de que su padre cometa sobre ella tal atrocidad, se escapa al bosque, conversa con el río y es él -en realidad ella– quien la lleva hasta el príncipe con el que se casará. Llegado a este punto hay que hacer una salvedad: a diferencia de otros cuentos de los Grimm, donde la doncella conoce a su amado, se casan y viven juntos para siempre, aquí eso tarda un poco en llegar: la historia se ensaña con su protagonista, obligándola a sufrir incluso después del matrimonio, haciendo que su marido vaya a la guerra y teniendo ella que parir y criar a su hijo como puede -con unas manos oro torpes que el hombre le había obsequiado- e, incluso, seguir lidiando con ese espíritu diabólico que no pretende dejarla en paz.
La jeune fille sans mains no es el tipo de cuento que Disney podría llevar a la pantalla para que su público vea en vacaciones de invierno. Hay exceso de padecimientos como para que eso ocurra. Sin embargo, es ese aire de infelicidad y una estética simple, pero de carácter hipnótico, donde radica su mayor valor y que la ha llevado, merecidamente, a ganar la Distinción Especial del Jurado en Annecy 2016.

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