VOLVER A EMPEZAR #DEFURNE

por Mercedes Orden

Lilianne (Isabelle Huppert) trabaja en una fábrica de paté. A través de planos-detalle de los diferentes objetos con los que interactúa entendemos su presente dentro de ese dispositivo rutinario del cual forma parte como si fuera una pieza más, tan fácil de reemplazar como las otras.  Pero algo ocurre cuando irrumpe Jean (Kévin Asaïs), un empleado temporario, el cual empuja a que algo cambie en su vida.
En el horario del almuerzo, mientras Lilianne come en soledad como lo hace habitualmente, el joven de 21 años se sienta frente a ella y le dice que sabe que es Laura, una cantante de los años ’70 y que la reconoció porque su padre es fanático. La mujer se hace la desentendida, manteniéndose en esa actitud hasta que Jean, convencido por completo de aquello, la obliga a confesarse: y si, ella alguna vez fue una estrella conocida por su tema Souvenir (título original de la película). De hecho, fue esa canción la que la llevó a competir -y perder- en Eurovisión frente a ABBA, pero esos tiempos dorados quedaron ya lejos y en el tiempo. Luego la mujer se separó de quien era en aquel momento su manager y en su vida comenzó una declive.
Tras esta confesión, la complicidad entre Lilianne con Jean lentamente comienza a afianzarse cobrando distintas formas: primero, como buenos amigos –logrando incluso que la mujer vuelva a realizar una presentación en vivo para el club donde el joven entrena boxeo y donde el padre de él estará como parte del público, alucinado- y rápidamente muta a una relación amorosa bastante particular.

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En su segundo largometraje, el director belga Bavo Defurne ubica a la protagonista frente al papel de una cantante en ruinas el cual, como se ve, resulta bastante complejo, incluso para una actriz con una larga trayectoria como es la de Huppert. Un motivo claro de esto último puede ser la sensación de que el conflicto no está del todo explotado, sino que apenas se plantea forzando algunas situaciones pero también la temática ya conocida en el cine que nos hace pensar que entre artistas ¿quién no tiene temor a fracasar?
Es por esto último que el personaje de Lillianne, es convencido por Jean -su flamante mánager- en la idea de retomar a la exitosa Laura, calzándose sus elegantes vestidos, subiéndose a los tacos y volviendo a competir en la televisión europea una vez más. Moviendo sus brazos y sus manos con la misma delicadeza con que solía hacerlo por aquel entonces, ahora la mujer se encuentra enfrentada a un jurado que la interpela frente a dos problemas: por un lado, la presencia de su propio pasado allí, ya que uno de los evaluadores es su ex marido, y por el otro, el hecho de que los tiempos y las competencias han cambiado. Entonces a la cantante le queda un nuevo y último desafío: renacer de las cenizas, no sólo en su carrera sino -y sobre todo- en su vida personal.

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