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por Mercedes Orden

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, más de 65 millones de personas se vieron forzadas a vivir en condición de refugiadas. Sea por motivos de hambruna, factores climáticos o conflictos bélicos, las malas condiciones en sus países los obligaron a abandonar sus hogares en busca de otro presente y futuro.
Según la Convención de 1951, refugiado es aquel que “teniendo un temor bien fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social particular, u opinión política, está fuera de su país, de su nacionalidad y está inhabilitado o, a causa de este miedo, no quiere optar por la protección de este país”. Esta definición hace de punto de partida para el artista y activista chino Ai Weiwei quien comienza un recorrido por los distintos centros de refugiados a lo largo del mundo con la finalidad de ponerle un rostro a este conflicto que traspasa toda frontera.
A través de un plano aéreo que recorre hileras de carpas ubicadas una al lado de la otra en medio de un extenso territorio árido, se descubre el primer destino: Irak. En ese enorme campamento se encuentran aquellos que pudieron escapar de las consecuencias de la invasión en la cual Estados Unidos avanzó sobre su país en el año 2003. Diferentes voces recuerdan el modo en que se vieron forzados a partir de entonces a abandonar sus hogares mientras los misiles caían como lluvia.
Luego es el turno de la isla de Lesbos, en Grecia, donde las cámaras -entre las que se incluye la del celular de Weiwei– captan a algunos de esos millones de desplazados que llegaron hasta allí pero también a los chalecos salvavidas de quienes no lograron cruzar.
El director continúa su camino por más de veinte destinos que incluyen a Bangladesh, Siria, Turquía, Gaza, Líbano, Kenia, entre otros, donde la característica común es la suspensión de todo carácter de humanidad. Como una forma de devolverle la dignidad, el documental no sólo los escucha sino que también los comprende, sin que sea posible ponerse en sus zapatos, pero al menos invitando al artista a jugar con ellos intercambiando pasaportes y estableciendo una relación de confianza y respeto mutuo.

Human-Flow_Still_2016_08_09_Dadaab-Camp_Kenya

El conflicto explota frente a la pantalla retratando una marea humana que avanza mientras cruza los límites nacionales y culturales a la vez que se incrementa el número de países que cierran sus fronteras obligando a que miles de personas queden congelados en una situación de en tránsito permanente. Esa situación los empuja a habitar lo que el antropólogo Marc Augé definiría como no lugares, donde la incertidumbre respecto al futuro se transforma en un modo de vida y el hogar es una figura que duele y se convierte en una representación cada vez más lejana.
Como una manera de darle voz a los cuerpos anónimos, la cámara enfoca rostros -en su mayoría masculinos- que lloran frente a cámara al recordar las pérdidas de sus seres queridos, las condiciones inhumanas con las que se tuvieron que lidiar o el presente difuso donde las identidades se pierden, la higiene escasea al igual que la salud y la educación se ausenta. En esos escenarios de extrema desigualdad, el resentimiento de quienes fueron despojados de las tierras de sus antepasados, aumenta de forma lógica.
El largometraje dirigido por Ai Weiwei hace entrega de un análisis exhaustivo de la figura de refugiado, la cual, al ser un motivo de preocupación internacional y estar presente de manera cotidiana en la agenda de los medios masivos, está también incluida en una gran cantidad de producciones documentales y de ficción a lo largo de todo el mundo.
Por tal motivo, la originalidad de Marea humana no debe buscarse en su nivel temático sino en su lenguaje y en la forma en que es construida su narración ya que el artista hace de la poesía un recurso que no sólo radica en los escritos que cita sino también en imágenes que condensan todo el dolor y la belleza que tiene el mundo para entregar en medio de esa inmensa marea que escapa y avanza sin que los organismos mundiales se preocupen por una verdadera solución.

 

Alemania – USA, 2016
Dirección: Ai Weiwei
Guión: Boris Cheshirkov, Tim Finch, Chin-Chin Yap
Fotografía: Zanbo Zhang, Xie Zhenwei
Montaje: Nils Pagh Andersen
Productora: 24 Media Production Company/
AC Films / Ai Weiwei Studio
Documental
Duración: 140 min.

 

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