LA UTOPÍA LLEVADA A LA PRÁCTICA #PABELLÓN4 #GACHASSIN #MDQFEST

por Mercedes Orden

¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

Eduardo Galeano

 

En la jerga carcelaria, “pabellón de población” se denomina a quienes habitan los pabellones más peligrosos. A partir de esta aclaración, el documental comienza a acercarse a un grupo en particular: el pueblo del pabellón 4 de la Unidad 23 de máxima seguridad de Florencio Varela, en el sur de Gran Buenos Aires. Allí llega Alberto Sarlo para dar un taller de filosofía, enseñarles a boxear, a escribir y sobre todo, invitarlos a repensarse.
Hace ya ocho años, el abogado lleva a cabo este trabajo junto a los presos. Allí plantea distintas preguntas a la vez que les propone narrar sus propios cuentos. Historias sensibles que hablan de cosas tan trágicas como son la pérdida de un amigo, un muerto en manos del Servicio Penitenciario y, algo a lo que todos refieren: la libertad y cómo sería volver a estar del otro lado.
A Alberto lo acompaña su ayudante Carlos “Kongo” Mena, un ex preso cuyo compromiso y fidelidad resultan ejemplares respecto al proyecto a partir de defender y acompañar esta utopía materializada en la Editorial Cuenteros, verseros y poetas. Siguiendo el trabajo antes de la publicación de un nuevo libro –La filosofía no se mancha 2-, el director Diego Gachassin (Los cuerpos dóciles) vuelve a la temática carcelaria pero en esta oportunidad, para hacer un documental que sigue durante seis meses a sus dos protagonistas –Carlos y Alberto- en su cotidianidad. De este modo, sus vidas quedan retratadas desde que ingresan a la cárcel para dar el taller pero también cuando salen y se sientan en sus hogares a compartir la charla en una mesa junto a sus familias.

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A fin de devolverles parte de la dignidad que los organismos de poder y la sociedad en general les arranca, Sarlo acerca al grupo lecturas y análisis sobre Sartre, Hegel, Foucault y Dostoievski, entre otros. Autores que, a partir de la filosofía les permite cuestionar la realidad, pero, como dice uno de ellos, “esto no es Rincón de Luz”, y este pabellón es, en verdad, una excepción.
Pabellón 4 cuenta con una potencia temática que va en paralelo a la fuerza interior de cada escena gracias a que por primera una cámara llega hasta allí para atestiguar lo que ocurre. Conmoviendo a través de las palabras pero sin caer en golpes bajos, el documental avanza de una forma inteligente sin apelar a sensacionalismos sino dejando hablar a sus personajes.
Pero no es todo literatura. Las clases de boxeo y las canciones de hip hop también hacen a la historia de este grupo. De modo que el esfuerzo de Alberto y Carlos -a quien se verá en plena lucha para que el Estado le reconozca su trabajo- llega a buen puerto cuando un proyecto tan importante como Pabellón 4 logra que sus integrantes logren encontrar un lugar de inclusión, desmitificando ese falso discurso de reinserción social por parte de un Estado que no hace nada para que eso ocurra sino que, al contrario, muestra a partir de los abusos de poder de sus organismos, el deseo para que, en verdad, nada cambie.

 

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