AL DESIERTO #ROSELL

por Mercedes Orden

Julia (Valentina Bassi) llega hasta Comodoro Rivadavia para presentarse en un nuevo trabajo. A través de un plano secuencia con 16 tons sonando de fondo, se observa a la protagonista en su flamante cotidianidad como camarera nocturna en el casino de la ciudad. Un lugar que, como pronto se ve, no es tan redituable como ella lo esperaba, sino que apenas le alcanza para solventar sus gastos. Cuando un cliente escucha sus quejas, le hace un ofrecimiento que no puede rechazar: postularla en la empresa minera donde él trabaja.
Al día siguiente, currículum y carta de recomendación en mano, la mujer se sube a la camioneta de Gwynfor (Jorge Sesán) con la ilusión de ir hasta Astra, el sitio donde podría conseguir un mejor puesto, pero un puñado de maniobras violentas a bordo ocasiona que la camioneta quede dada vuelta en el medio de un paisaje desierto. Ese deseo de prosperidad pronto se convierte en un secuestro por parte de su acompañante ahora devenido en captor que no parece tener claro lo que desea ni está dispuesto a hablar más que para decir algunas frases escuetas mientras ella se cuestiona acerca de por qué está en esa situación.

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Impulsado por la esperanza de llegar hasta la Ruta Nacional nº. 40 y de ahí comenzar un recorrido hacia el Norte argentino junto a Julia, Gwynfor la obliga a tener que someterse a las adversidades del desierto patagónico mientras se las rebusca para inventar herramientas que les permita sobrevivir a los diferentes factores climáticos con los que se enfrentan sin que ella pueda lograr algo pidiendo “socorro” ya que, en esa enorme extensión, no hay ninguna persona que pueda ayudarla a kilómetros de distancia.
Ulises Rosell dirige la historia de un cautiverio como podría haber sido la de los indios con las chinas pero en una transposición al siglo XXI. Aquí el desierto se convierte en la jaula que priva de la libertad a la mujer sin necesidad de cadenas, golpes ni rejas para llevar eso a cabo. Sacando provecho de las condiciones naturales, la película adquiere su grandeza a través de planos que invitan a contemplar los majestuosos paisajes de la Patagonia.
De este modo, la soledad hace de hilo conductor que defiende el argumento de Al Desierto. Atravesada por ella, aparece esta mujer que llega hasta la ciudad sin lograr sus expectativas y el hombre que evade sus problemas en el casino. Ambos son testigos de una soledad mayor que es la de su entorno y es esta misma la que intentan combatir cuando un aparente Síndrome de Estocolmo emerge en Julia de forma repentina -punto débil de la narración al presentarlo de modo forzado, sin lograr la maduración necesaria- llevándola a sentir una especie de atracción por su captor.
Los cuerpos vulnerables en medio de este territorio hostil permiten hacer brillar las interpretaciones de Bassi Sesán quienes, en medio de ese clima tenso y denso que se construye, aprovechan para hablar de una problemática actual como es la figura de la mujer violentada pero sin que eso obligue al director a llevar a cabo ningún tipo de complejo análisis social.

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