EL TESTAMENTO #GREENBERG

por  Mercedes Orden
publicado originalmente en Revista Caligari

Durante la noche del 24 de marzo de 1945, doscientos trabajadores judíos fueron asesinados en un campo de Lendorf, en Austria. Más de setenta años después, el historiador Yoel Halberstam (Ori Pfeffer), investiga esta masacre para llegar a explicar lo que el pueblo se empecina en callar. Mientras tanto, una compañía constructora comienza con un proyecto arquitectónico cuyo fin es avanzar sobre las tierras donde podrían llegar a estar los restos de esas víctimas. Así la pugna queda establecida en esta ficción donde, por un lado, están quienes pretenden ir hacia adelante, incluso aunque eso implique olvidar el pasado y, por el otro, los que no se resignan a dejarlo atrás puesto que, aunque una declaración afirme que los rusos encontraron allí ocho cuerpos de hombres, se sabe que en ese territorio están enterrados al menos dos centenas más.
El Testamento -coproducción de Israel y Austria- narra el presente de Yoel, un judío practicante que organiza su tiempo para cuidar de su madre enferma, preparar a su hijo para el Bar Mitzvah y a su vez llevar a cabo este intento de investigación objetiva para el Instituto del Holocausto de Jerusalén, yendo a la búsqueda de lo que supone que son los hechos reales sin dejar que su historia influya en la misma. Pronto se descubre que su conflicto personal -ese que se convertirá en el motor del relato- surge cuando, tras la aparición de una nueva información clasificada, el historiador se ve forzado a aceptar que la verdad absoluta no es más que una ilusión a la cual se puede tender pero nunca alcanzar.

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En medio de este escenario, un secreto que sobrevuela a la familia Halderstam queda al descubierto obligando a que Yoel le otorgue importancia a la construcción subjetiva a la hora de indagar la verdad y el modo en que ésta influye en su vida privada. De tal forma, la confirmación de que su objeto de estudio está condicionado por su historia comienza un camino paralelo a la aceptación de que su madre no es quien cree -por tanto, él tampoco- y que quizás ese sea el motivo por el cual su hijo no logra completar el cuadro genealógico que tiene pegado en la pared de su habitación.
La película dirigida por Amichai Greenberg busca la forma de ser original en un tema ya hartamente tratado como es el de las víctimas del Holocausto y lo hace a partir de narrar la crisis moral a la que se enfrenta este judío ortodoxo mientras va a la búsqueda de respuestas que, para su sorpresa, en verdad le plantean nuevos interrogantes. Al igual que su protagonista esta historia lucha contra la negación de una sangrienta etapa y el temor social -con su consecuente hermetismo- que sigue existiendo entre quienes lo presenciaron pero también en las nuevas generaciones que hacen del silencio un lugar de refugio.

 

Austria, Israel, 2017
Dirección: Amichai Greenberg
Productores: Yoav Roeh, Aurit Zamir
Co Productores: Sabine Moser, Oliver Neumann
Música: Walter W. Cikan y Marnix Veenenbos
Fotografía: Moshe Mishali
Edición: Gilad Inbar
Reparto: Ori Pfeffer, Rivka Gur, Hagit Dasberg, Orna Rotenberg
Arte: Tamar Gadish
Duración: 90 min.

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