ABRAZA LA OSCURIDAD #ELSACRIFICIODELCIERVOSAGRADO #LANTHIMOS

por Mercedes Orden

La confusión es el dios 
la locura es el dios
Charles Bukowski

Un plano detalle nos acerca de manera cruda a una cirugía a corazón abierto. La impresión que genera esta primera escena es una de esas características a las que el director griego Yorgos Lanthimos nos viene acostumbrando hace rato. A pesar de un cierto affaire con el cine comercial cada vez más evidente -tanto en el elenco escogido, la puesta en escena cada vez más ambiciosa y cierta suavidad de la trama al compararla con ptrabajos anteriores como Alps o Kynodontas-, su estilo se mantiene con la exposición de la violencia, la crítica a la clase media y la locura que rodea a la sociedad moderna.
Esa crítica de la familia tipo, retratada con frialdad por la impecable fotografía a cargo del ya conocido Thimios Bakatatakis,  ahora se instala en torno a la vida de un cirujano, Steven Murphy (Colin Farrell) junto a su mujer (Nicole Kidman) y sus dos hijos. La tranquilidad del hogar se ve interrumpida cuando Martin (Barry Keoghan), un niño de dieciséis años, hijo de un ex paciente del hombre, comienza a mantener una relación obsesiva con el médico la cual lo impulsa a entrar en su cotidianidad de una manera violenta y sin retorno.

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Luego de culparlo de la muerte de su padre, tras una operación llevada a cabo dos años atrás, Martin busca el modo de estar en permanente comunicación con Steven, invitándose a su casa sin previo aviso u obligándolo a que el hombre acuda a la suya -y entre en comunicación con su madre, interpretada por Alicia Silverstone– hasta que el mayor decide poner una distancia a la que el adolescente reacciona, con sed de venganza, intentando que la familia Murphy también sienta el dolor y el quiebre en su propio seno.
El sacrificio del ciervo sagrado, apela a la alegoría para acercar una historia en donde el acto sacrificial se espera que sea llevado adelante por un protagonista obligado a restablecer el equilibrio inicial -ese que en verdad no vemos puesto que la historia arranca in media res, pero del cual pronto nos enteraremos lo sucedido. Si Georges Bataille afirmaba que “lo sagrado resurge de la destrucción de un objeto”, en este director griego el objeto se proyecta en la figura de un sujeto a destruir. Sin policías, abogados, jueces ni leyes por cumplir o quebrar, la justicia se aleja del derecho y cobra una forma irracional, como es la del sacrificio.
Merecido ganador del premio a Mejor Guion en el Festival de Cannes 2017, este film psicológico logra una buena combinación de elementos apostando por mantener el clima de confusión del principio entre Steven y Martin, en donde uno se pregunta por qué el hombre lo lleva a tomar algo, le compra un reloj o accede a que cene con su familia, la cual convive con una tensión y crueldad de las cuales nadie, dentro de este relato, parecen poder escapar.
De esta forma, Yorgos Lanthimos nos entrega una nueva oda a la oscuridad convenciéndonos de que ese cine que incomoda, celebra la locura, la violencia y la ausencia de Dios, sigue siendo suyo y tiene aún mucha más tela por cortar.

Reino Unido-Irlanda-Estados Unidos, 2017
Dirección: Yorgos Lanthimos
Guion: Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou
Fotografía: Thimios Bakatatakis
Edición: Yorgos Mavropsaridis
Duración: 121 min.
Reparto: Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan, Raffey Cassidy, Alicia Silverstone
Productora: Element Pictures / Film4 / New Sparta Films

 

 

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