HAPPY END #HANEKE #TRAYECTORIAS #BAFICI2018

por Mercedes Orden

 Michael Haneke sabe cómo manejar la ironía ya desde los títulos de sus películas: sabemos que Funny Games no trata realmente de juegos divertidos y Happy End tampoco apuesta por un final feliz, al contrario. Este director nunca se destacó por los finales que complazcan al público masivo, tampoco es ese su objetivo ya que parte de su marca registrada es la construcción de sus típicos climas pesimistas que traspasan todo límite.
En su último largometraje, el director austríaco vuelve a arremeter contra la familia burguesa, en este caso, contra los Laurent. La llegada de Eve (Fantine Harduin) irrumpe en su rutina cuando, tras el presunto suicidio de su madre, su padre (Mathieu Kassowitz), hasta el momento ausente, se ve obligado a hacerse cargo de la crianza de la niña.
Eve, con un rostro serio y sin sonrisas, observa en silencio la cotidianidad del nuevo mundo que ocurre dentro de la ostentosa casona donde va a parar. Allí, además de su padre -con su nueva mujer e hijo- viven su abuelo (Jean-Louis Trintignant) quien hace todo lo posible para dejar de existir, su tía (Isabelle Huppert) un primo conflictivo (Franz Rogowski) y entre todos ellos sobrevuelan los problemas que atañen a la empresa familiar.
Cada uno de los integrantes añade su cuota de oscuridad y locura a la vida de esta pequeña de trece años que, a pesar de quedar a su resguardo, no parece encontrar allí el cuidado, calidez ni atención que necesita. Así, los engaños, indiferencias -sobre todo respecto a los que viven del otro lado de sus muros- e intentos de suicidio se convierten pronto en el paisaje habitual al que debe acostumbrarse y aceptar sin mayor crítica en un ambiente donde el uso de antidepresivos se encuentra naturalizado.

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El director de Amour y El séptimo continente, apuesta por una película que si bien no tiene la potencia de sus films anteriores, se puede destacar por los recursos que pone en juego para lograr la originalidad de su nuevo planteamiento. En esta oportunidad, su gran hallazgo consiste en volver a utilizar una cámara que retrata las grandes desgracias de la vida cotidiana. De este modo, si ya en Benny’s video la muerte era filmada en una cinta casera, veinticinco años más tarde el director se moderniza y ahora la rutina que condena a las personas es retratada en streaming a partir de un celular en manos de la pequeña, quien le añade una serie de textos al video para confirmar el tedio en que vive.
Las falencias y falsedades de la clase media-alta vuelven a quedar al descubierto. Allí donde todo simula ser elegante, prolijo y perfecto, en verdad tiene un trasfondo oscuro y caótico que no logra acomodarse. Si bien Happy End no es el Haneke que más queremos, aún hay motivos para aplaudir su obra, sobre todo en el modo en que la historia y el elenco funcionan. Por tanto, puede que el relato parezca demasiado simple para lo que estamos acostumbrados pero al menos siempre es bueno ver una película donde el cine sirva para criticar el modo de vida burgués (y no para reproducirlo).

Francia, Austria, Alemania, 2017
Dirección: Michael Haneke
Guión: Michael Haneke
Fotografía: Christian Berger
Edición: Monika Willi
Sonido: Guillaume Sciama, Jean-Pierre Laforce
Dirección de Arte: Anthony Neale
Producción: Margaret Ménégoz
Productora: Les Films de Losange, X-Filme Creative Pool, Wega Film
Elenco: Isabelle Huppert, Jean- Louis Trintignant, Mathieu Kassovitz, Fantine Harduin, Franz Rogowski
Duración: 107 min.

 

 

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