ES UNA LUCHA: “MALAMBO, EL HOMBRE BUENO” #LOZA #PELÍCULAAPERTURA #FICIC2018

por Mercedes Orden

publicado originalmente en Revista Caligari

 

Viajes y bailarines. Profesores y alumnos. Malambo, el hombre bueno nos lleva de una historia a la otra a través de la cadencia del zapateo, el rasgueo de la guitarra y el repiquetear del bombo. La música se ubica en un primer plano. Junto a ella, aparece Gaspar (Gaspar Jofre), el protagonista y personificación del sacrificio en el nuevo largometraje del director cordobés Santiago Loza.
La disciplina del cuerpo y de los pasos. Las figuras perfectas, la espalda erguida, se presentan frente a cámara. El deseo de superarse hasta llegar a ser el mejor en ese encuentro del que después no habrá vuelta atrás porque, como ya lo explica la leyenda del comienzo, una vez que el bailarín gana, no hay mayor ambición: debe retirarse para dejar el lugar y enseñarle a las generaciones que lo suceden. Así cada uno tiene su oportunidad pero ésta no debe ser desaprovechada.
Una voz en off atestigua la cotidianidad mientras expone el modo en que los obstáculos se acumulan en la vida de este personaje: al dolor que irradia una hernia inoperable, se le suman sus pesadillas habituales -esas que lo muestran vencido, actualizando de manera constante su obsesión- y una abuela en su lecho de muerte a quien visita en el hospital a modo de despedida pero también para que le dé la bendición y la fuerza para seguir adelante. Esos golpes entorpecen pero son parte del recorrido que debe transitar este hombre en medio de una total soledad.

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El blanco y negro como una decisión de estética potente, narra el camino del héroe –tan héroe que incluso se lo verá entrenar y correr por escalinatas al estilo Rocky– quien hace frente a todas las adversidades con las que se encuentra en el intento de lograr su objetivo en esa lucha de cuerpos que no se golpean ni se tocan. Mientras tanto, el dolor no cede y Gaspar tiene que recurrir a métodos alternativos, como una cama con masajes terapéuticos, para que le otorguen una calma temporal, algo que lo empuje a llegar hasta el día del gran desafío.
Santiago Loza (Los labios, La paz) plantea una historia autóctona donde la tierra marca a fuego. Una película folklórica, no sólo en términos musicales, sino también culturales, ya que observa con detenimiento las costumbres argentinas para construir un retrato tan pintoresco como prolijo. Un encuentro hogareño entre rivales, un barco, una máscara de catch, una vuelta. También esto es el malambo. O al menos éste es el de un hombre bueno cuyo sueño era llegar hasta la ciudad de Cosquín.

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