EL AGUA COMO PAISAJE #DRIFT #WITTMANN #FICIC2018

por Mercedes Orden

publicado originalmente en Revista Caligari

Lo que conozco, lo que es mío, es el mar indefinido
Henri Michaux

Una sucesión de viajes envuelven a dos personajes femeninos: por un lado están los posibilitan un encuentro donde una habitación y la playa las une pero también están los otros que las separan. Entre ellas, el océano es mostrado en toda su extensión e intensidad para no pasar desapercibido si no que, al contrario, cobre incluso mayor protagonismo que las mujeres.
Las decisiones del fuera y dentro de campo no son menores. Las omisiones se acumulan, entre ellas, las de las palabras: apenas un puñado de diálogos son los que explican las situaciones y luego la soledad inaugura un gran silencio. Pero antes de que eso ocurra, ellas -cuyo vínculo no se explicita frente a cámara- hablan del futuro y del Lago Nahuel Huapí, al sur argentino, país de donde procede una de ellas y hacia donde va. La otra tiene pensado un itinerario completamente distinto. Luego quizás el destino haga posible una nueva unión en algún otro escenario.

drift_still_5.jpg

Ventanas y olas se presentan en dimensiones y colores variables. La espuma, los movimientos, las tonalidades son observados con rigurosidad. De forma intercalada, las temáticas acuáticas y de viaje se repiten sin cesar durante una hora y media. La cámara que comienza por mostrar el mar como telón de fondo, termina hundiéndose en él, siguiendo su dinamismo para hacerse una con el mismo.
La deriva (en inglés drift, como su título anticipa) es lo que aúna esos dos temas siendo una clara decisión del film que ésta quede representada frente a la pantalla de forma continua. Como una botella arrojada al océano, un mensaje se va con la esperanza de que alguien lo encuentre pero siendo éste el intermediario entre las protagonistas, ¿llegará a destino ese mensaje? La respuesta es incierta y la directora no se preocupa por responderlo.
Los encuentros, presenciales y cibernéticos, también se suceden. La distancia se muestra como parte del argumento pero no asusta, sino que implica un desafío, una posibilidad a que la próxima vez, ocurra de otro modo. De manera que la historia se convierte quizás en una excusa para lo que realmente importa aquí: es decir, las imágenes.
En Drift la potencia visual que adquiere cada cuadro es la justificación de todo el relato. Si apenas se enuncia un puñado de palabras es porque tal ausencia es acompañada de otro aspecto. Es así como Wittman hace de su ópera prima una oportunidad para que la atención esté puesta en composiciones de planos con una rigurosa belleza donde los diálogos no pesen por su falta ya que la voz de la narración se ubica en algún otro lugar.

 

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