LA INTIMIDAD #PERUGINI

por Mercedes Orden

Un plano fijo filma a Irene, de 96 años, sentada en la mesa tomando mate en su casa de Germania, provincia de Buenos Aires. Luego la cámara la sigue por el jardín y se detiene a escucharla hablar mientras ella lleva a cabo sus acciones cotidianas. Algunas anécdotas sobre su vida son evocadas en primera persona, entre sonrisas. No mucho más. Ella muere y todo pierde el sentido. Mejor dicho, cobra otros: los de la ausencia.
La intimidad es un documental de preguntas. Entre ellas, ¿Qué pasa cuando una persona muere? LA misma no busca una respuesta a nivel existencialista si no, especialmente, ¿qué ocurre con loss objetos? ¿a quién darlos? De eso nos habla su director, Andrés Perugini, de una casa que se desarma, con el dolor y los recuerdos que conlleva.
Las sábanas, las carteras, los collares, las fotografías de un casamiento, la ropa nueva que Irene prefería no usar guardándola posiblemente para alguna ocasión importante ¿qué se hace con todo eso? Es decir, con la intimidad. Con esos objetos que ya nadie puede significar. Las cajas, las bolsas van llenándose lentamente con todo lo que va siendo arrancado del placard. Mientras tanto, las distintas generaciones de la familia entran y salen de las habitaciones dejando sus propias huellas.

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El momento de repartir los muebles, los electrodomésticos, decidir qué queda en la familia y qué se dona es parte de un simple retrato persona. El documental de Perugini habla del acto de desprenderse y también del dolor alrededor de un duelo que transcurre en el proceso de doblar la ropa, regar las plantas, aprender a dejar ir a todo lo que pertenece a ese hogar. Confusiones que se unen al trámite de sucesión, a la aceptación de que pronto esa casa ya no estará porque, de algún modo, ya no está.
Un trabajo de observación que a muchos de nosotros nos resultará familiar, donde lo material va acompañado de lo sentimental. Aquí la herencia está hecha con recuerdos: las imágenes con las pertenencias de una mujer a la que le gustaba acumular son acompañadas por sus seres queridos quienes, frente a cámara, deben decidir si regalar, atesorar o desechar. Otra opción es prender fuego esa parte del pasado que ya nadie puede hacer suya y luego aprender a pensar en el modo de poder cerrar esa puerta y marcharse.

 

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