CANDELARIA #HINESTROZA

por Mercedes Orden

Candelaria (Verónica Lynn) está en el bar. Muy prolija en su vestimenta y el maquillaje que ella misma crea con un poco de imaginación y mucha paciencia, se sube a cantar unos temas en compañía de su conjunto musical. Luego vuelve a su casa donde la espera su marido, Victor Hugo (Alden Knight). Allí las paredes están destartaladas y el techo filtra tanta agua que hasta moja a sus queridos pollitos que cuida como hijos.
La historia se centra en Cuba de 1994, en ese difícil momento tras la crisis producida entre el bloqueo y la caída de la Unión Soviética en el año 1991 donde a la importante pérdida del mercado exterior se le sumó un deterioro en la calidad de vida de los cubanos producida por la escasez. En ese contexto, esta pareja de ancianos viven en soledad. La caducidad del tiempo y de los cuerpos se expone con fuerza en cada escena. La pérdida de sentido de lo material cuando se va acercando la muerte va tomando cada vez más valor en este retrato.
Así se erige una película que se preocupa por mostrar las consecuencias del bloqueo y lo hace poniendo el acento en el hambre de estos dos protagonistas, en la desnutrición producto a una dieta forzada que les impone un socialismo que parece no saciar sus problemas económicos en un escenario donde ciertos sueños marxistas ya desaparecieron.

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En su tercer largometraje, el colombiano Jhonny Hendrix Hinestroza hace eje en tres temáticas: la música, el amor y el tiempo haciéndolas dialogar de forma permanente. Esta coproducción de Colombia, Cuba, Argentina, Alemania y Noruega, logra destacarse por la fuerza de su fotografía -donde el trabajo con la iluminación y el manejo de los colores cálidos resultan brillantes- y por la actuación de Lynn y Knight, quienes, sin dudas, se lucen en sus papeles.
De esta manera, Candelaria plantea una mirada crítica de Cuba que olvida las victorias conquistadas y pone el foco únicamente en sus derrotas. Lo que quedó en el tiempo explota en todos los espacios, al igual que la necesidad constante de todos sus personajes de rebuscárselas como sea para no hundirse en ese pasado que ya no es.
El planteamiento queda condensado en una frase: “Morir de nostalgia o morir de hambre”. Así se expone este enorme conflicto donde la única fortaleza parece ser el amor. Amor de dos ancianos cuya pasión se alimenta tras la aparición de una videocámara la cual se convierte en motor de su erotismo y les recuerda el fuego que alguna vez sintieron y que aún no se apaga incluso aunque la salud de ambos se encuentre ya debilitada.
El recuerdo de lo que ellos fueron camina en paralelo de una Cuba que supo estar mejor. Lo que queda es el sabor de la nostalgia, de la antigua Singer a pedal y los autos que pasan. Nostalgia de paredes que se resquebrajan al igual que los cuerpos de Victor Hugo y Candelaria.

 

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