#DRYMARTINA #SANDOVAL

por Mercedes Orden

Martina (Antonella Costa) brilla en el escenario. Brilla con su vestido claro, su peinado estilo años veinte, y su maquillaje. Incluso el micrófono brilla y, a través de él, se oye su voz que canta un tema de Juliana, su madre famosa ya fallecida. Sin embargo Martina no puede con la canción, entonces se escapa del escenario y se toma un taxi antes de terminarla. Una fanática intenta hablar con ella pero no la alcanza, tampoco su representante.
Una vez en su hogar, se confirma que su vida no va tan bien. Su padre está internado en estado de coma hace un año y su carrera no avanza como consecuencia de sus múltiples formas de autoboicotearse. Mientras tanto, su gata -única compañía diaria- está alzada e insoportable y ella, al contrario, está seca (dry anticipará el título). Sí, ella que alguna vez fue una ninfómana y luego se enamoró de un hombre, desde que se separó de él, no volvió a sentir placer hacia ningún otro.
Algo cambia cuando, tras la desaparición de su gata, la protagonista se ve obligada a abrirle la puerta a Francisca (Geraldine Neary) esa fan que la persigue, quien pone la condición de que si escucha lo que tiene para decirle, la artista podrá recuperar a su mascota. Entonces Martina se sienta sin predisposición ni grandes expectativas mientras la joven chilena le explica que existe una gran posibilidad de que sean hermanas por parte de su padre (Patricio Contreras) y que ella debería acompañarla hasta Santiago para así poder conocerlo y realizarse una prueba de ADN que lo confirme. La cantante no demuestra interés por esta teoría pero algo queda resonando en ella con la noticia de que su verdadero padre quizá no esté en coma si no del otro lado de la cordillera. De forma impulsiva, el viaje se realiza pero no precisamente por Francisca y la idea de volver a tener una familia si no por el deseo que emerge por una mera casualidad del destino. Un deseo materializado en un hombre que la corre de ese modo dry.

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 Che Sandoval toma como punto de partida a Buenos Aires para llegar hasta Santiago de Chile, verdadero escenario del largometraje. La historia acerca de este personaje femenino le permite evidenciar su crecimiento como director que comienza con Te creís la más linda (pero erís la más puta), en 2009, pasando por su spin off:  Soy mucho mejor que voh (2013).  De modo que es en su tercera película, Dry Martina, donde la carrera de Sandoval se ve consolidada encontrando la prolijidad en su relato junto con una puesta en escena que lo termina de confirmar. Un notable cambio en el director quien, a su vez, logra mantener sus motivos habituales y centra en el personaje de una cantante argentina (conocida, sobre todo, por ser la “hija de…”) la figura del antihéroe a las que sus películas ya nos vienen acostumbrando, con la diferencia de que ahora el rol protagónico lo lleva adelante una mujer.
Otra continuidad es la noche alrededor de la cual esos antihéroes se mueven, conocen a otros, se emborrachan o drogan, lloran y caminan sin saber, en verdad, hacia dónde ir, incluso aunque tengan un techo propio -algo que parece no ser suficiente. Ellos merodean en ese amplio espacio nocturno pero también se asfixian. Allí emergen esos pares que, al igual que ellos, beben, ahogan penas y caminan sin saber bien cual es su destino. Todos parecen arruinados, y Martina no es la excepción. Ella alguna vez fue feliz, conoció una gran cantidad de hombres, se enamoró y ahora está arruinada, pero con la esperanza de que algo -o alguien- la ubique en un nuevo lugar.
Asimismo el sexo sigue siendo un elemento central. Este tema y la frustración que suscita se convierten nuevamente en el motor que empuja a los personajes. De esta forma, si en la primera película de Che el protagonista sufría por eyaculación precoz y en la segunda, pese a estar bien dotado, el hombre no logra acostarse con nadie, en la tercera, los problemas recaen en Martina quien a pesar de acostarse con uno u otro, no puede llegar al punto de satisfacción. Esa insatisfacción, en verdad, traspasa lo meramente sexual porque, como siempre, Sandoval sabe la manera de mostrar -sin tanto drama ni tanta comedia- un puñado de personajes que encaran su presente sin llegar a encontrar un estado de felicidad a la vez que caminan mientras llevan a cabo esa búsqueda.

Chile-Argentina, 2018
Dirección: Che Sandoval
Guión: Che Sandoval
Consultoría de guion: Martín Rejtman
Fotografía: Benjamín Echazarreta
Montaje: César Custodio (SAE)
Productores: Florencia Larrea, Gregorio González, Hernán Musaluppi, Natacha Cervi
Sonido: Ezequiel Saralegui
Música: Gabriel Chwojnik
Dirección de arte: Nicolás Oyarce
Productora: Forastero (Chile), RIZOMA (Argentina), Alta Definición Argentina
Vestuario: Mary Ann Smith
Elenco: Antonella Costa, Patricio Contreras, Geraldine Neary, Pedro Campos, Álvaro Espinosa, Yonar Sánchez
Duración:  100 min.

 

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