SEÑORITA MARÍA, LA FALDA DE LA MONTAÑA #FESTIVALDECINECOLOMBIANO

por Mercedes Orden

En la última edición de los premios de la Academia, Daniela Vega -actriz transgénero chilena- se consagró en Hollywood por haber sido la protagonista de la mejor película extranjera: Una Mujer Fantástica. Por esos días, en los kioscos de diarios y revistas de Santiago se podía ver de forma repetida la historia de vida de esa peluquera proveniente de una familia de clase media que un día llegó hasta la alfombra roja. La quinta película de Lelio convirtió a Vega en un símbolo y puso el acento en la discriminación pero no en la marginalidad. Al menos no con la crudeza que el documental de Rubén MendozaSeñorita María, la falda de la montaña- lo hace.
María Luisa Fuentes Burgos, nacida como niño hace cuarenta y cinco años, es filmada en su cotidianidad. Allí, esta campesina del pueblo de Boavita, en el departamento de Boyacá, Colombia, explica frente a cámara la libertad que siente de usar faldas confesando el haber abandonado de forma casi definitiva los pantalones, esa prenda que odia. En su lugar, la falda defiende su femeneidad mientras asemeja a la mismísima virgen. Esa virgen que, según recuerda, una vez se le apareció para confirmarle su imagen y que su nombre debía ser María.
La cotidianidad es mostrada de forma minuciosa: desde los rituales diarios de belleza hasta las jornadas trabajando la tierra. La plenitud de los días y la oscuridad de sus noches son seguidas con atención en un intento de que nada quede fuera de la pantalla con la finalidad de hacer el retrato más fiel posible de este personaje.
Pero para lograr este relato,a sus testimonios se le suman los de sus conocidos. Esos pocos que pueden decir, desde otro lado, quien es ella. Entonces no falta una vecina que cuente su propia relación con María y confiesa que, en verdad, le da su atención porque le genera lástima y que la ayuda como si fuera una obra de caridad.

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Mendoza opta por la figura de una campesina de la que el pueblo habla pero que pocos saben quién es en verdad. La soledad de esta protagonista se expresa tanto en su casilla humilde en medio de la montaña hasta el hecho de ser una huérfana sin ningún contacto familiar que terminó de perder tal lazo el día que su madre/abuela falleció. Una soledad que también llega a sus relaciones amorosas ya que los hombres que ha conocido la defraudaron tanto como la lastimaron.
Ahora está sola, en esa casa sin dirección y lucha contra la ideología y las contradicciones arraigadas en sus vecinos, pero también con su propia historia -o con esa que todos saben menos ella- donde su identidad queda vedada tras un secreto familiar. Pero son los perros que viven a su alrededor, la vecina que le abre la puerta en cualquier horario de forma incondicional y también su fe los que la acompañan para que María sonría incluso cuando su realidad sea más difícil de lo que uno se pueda imaginar.
La soledad y la marginalidad se establecen como los grandes organizadores del film. Entre ellos, la Señorita narra su vida, entre discriminaciones y ataques que la llevarona a optar por el silencio de la montaña. De modo que esta protagonista transgénero, campesina, latinoamericana muestra la complejidad de esta historia y de esta mujer que es atravesada por todos estos conflictos.

 

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