EL AZOTE #CAMPUSANO

por Mercedes Orden

No importa el tema del que hable. El “estilo Campusano” ya se encuentra establecido en el mundo del cine argentino. En el caso de El azote, su más reciente producción, el trasfondo se centra en el abuso de poder dentro de un instituto de chicos conflictivos en el Sur argentino, más exactamente en San Carlos de Bariloche. Allí trabaja Carlos, un asistente social a quien ellos respetan y se confiesan. Él no los trata como si fuera una especie de señorita maestra, sino que les dice las cosas como son, les habla de modo simple y llano apostando a priorizar la sinceridad. Entonces les explica que sí, se pueden escapar si quieren ya que las puertas están abiertas, pero no van a llegar muy lejos y seguramente mueran de frío en el intento. Los ojos de los pibes miran atentos a lo que dice a la vez que buscan un gesto de indiferencia, la indiferencia como escudo de una sociedad que de manera constante les demuestra su rechazo y segregación.

184e8909-6ada-42d3-9591-b47245ea6a55

Menores golpeados, historias duras con un eje popular nada que extrañe en el cine de José Celestino Campusano. En esta ficción hay crianzas difíciles, vulnerabilidades varias, abusos infantiles, familiares que desaparecen -se dice que a causa de la trata de personas- y ellos que llegan hasta allí, una institución que debería hacer lo necesario como para su reinserción social. Pero como ocurre con otros espacios de encierro, no existe en gran medida un interés ni un plan genuino para su readaptación, al contrario: generan las situaciones necesarias como para que cuando les llegue la hora, los encerrados salgan con un mayor rencor hacia lo que ocurre en el exterior.
Carlos es diferente, el sí se muestra preocupado por estos chicos y por eso intenta que los otros adultos “responsables” cooperen en su cuidado, algo que en verdad no está en sus agendas. Tampoco son capaces, como él, de meterse en la tierra a jugar a la pelota con los internos, sin importarle la incomodidad de la campera de cuero y los borcegos que lleva puestos. Y es que el protagonista es un asistente social que rompe los estereotipos. Un hombre que parece haber salido de un recital de Horcas o V8 e insertado en este pueblo. Pero también esta especie de alterego es una constante en el cine de Campusano donde la marginalidad se materializa en los personajes abunda.
El azote habla de “El murciélago”, como lo llamaban en el pueblo durante sus épocas metaleras, pero él es apenas la excusa para los verdaderos temas que emergen desde el fondo. Este asistente social, vive una casa humilde con su madre en silla de ruedas quien se encuentra atormentada por ciertas presencias que nadie más percibe. Ella no es la única que le preocupa ya que otros personajes femeninos aparecen y desaparecen de su vida. Mujeres, que a diferencia de esta señora, no parecen merecer ser tratadas con el mismo respeto ni atención, pero sin embargo, algo de ellas les importa y por eso son mostradas.
El Azote denuncia que todo está mal y lo hace a la Campusano: con ese Cinebruto -nombre de su productora y, en esta ocasión, material menos brutal en cuanto a la técnica y a relatos precedentes- en el medio del cual se mueve como un pez en el agua. Dos opciones entonces se plantean: que en ese escenario tan oscuro hay una mínima esperanza en personajes con la humanidad encubierta de su protagonista o que no hay esperanza cuando los que están a cargo de las instituciones ya están corrompidos desde el vamos. El vaso medio lleno o medio vacío. Cada uno elige.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s