ENTREVISTA A DIEGO GACHASSIN, DIRECTOR DE “PABELLÓN 4”

por Mercedes Orden

Pabellón 4 retrata el trabajo de Alberto Sarlo dentro de una cárcel de máxima seguridad. El abogado y escritor les enseña filosofía, literatura y boxeo a cincuenta y dos presos del Pabellón 4.  Al mismo tiempo, acompaña a Carlos “Kongo” Mena quien acaba de salir en libertad pero vuelve como ayudante.
Diego Gachassin (Los cuerpos dóciles) nos cuenta su experiencia como director antes de presentar su documental en el Mar del Plata Film Fest.

¿Cómo conociste el proyecto del Pabellón 4?

Rocío Raiberti, que se encarga de la prensa y comunicación de la Editorial Cuenteros, verseros y poetas, se contactó conmigo y me comentó del proyecto. Luego de leer todo lo que había disponible en la web, me entrevisté con Alberto Sarlo y enseguida vi que ahí había una película que me gustaba, que me atrapaba. Siempre me pareció un universo narrativo interesante la situación de la cárcel, y encima acá eso se daba en medio de charlas filosóficas y discusiones literarias. Por otro lado el proyecto de Alberto es impresionante, por lo que propone y por lo que logra.

En tu anterior largometraje,  Los cuerpos dóciles ya habías investigado acerca del sistema penal argentino a partir de seguir el trabajo de un abogado, ¿qué te impulsó a volver a trabajar sobre esta temática?

En Los cuerpos dóciles había ido un par de jornadas a la cárcel, pero pudiendo acceder a situaciones especiales en espacios acotados de la cárcel. Allí la mirada estaba más puesta en la justicia, pero la justicia terminaba mandando a los coprotagonistas a la cárcel. Cuando se me presentó el proyecto me pareció que era la continuación lógica de la experiencia anterior. De hecho Elías, el coprotagonista al que le terminan imponiendo una pena de 11 años de cárcel en Los cuerpos dóciles, luego pasó un momento por el Pabellón 4. Aunque no pude registrarlo.

Alberto y escritores

¿Cuál fue la idea que hizo de centro para este documental?

Yo creo que la idea que prevalece en Pabellón 4 es la posibilidad que da la cultura a una persona a la que la sociedad y el estado nunca le dio nada, de pensarse, de reinventarse, de salir fortalecido para intentar un nuevo camino. El proyecto de Alberto tiene esa potencia, sin embargo en la película yo quería que se viese que esto es una excepción de lo que ocurre en los otros pabellones de cualquier cárcel del país. Necesitaba mostrar de alguna manera toda la mierda de la cárcel, más allá de este pabellón, y eso lo tenía en los cuentos que leen los presos en las clases, de una manera muy vívida.

¿Cuánto tiempo duró y cómo fue el proceso de rodaje?

El rodaje duró 6 meses. La idea era poder seguir todo el desarrollo de un libro, hasta su edición. Rodamos unas veintipico de jornadas, no sólo en la cárcel sino también siguiendo a Alberto y a Carlos en sus ámbitos familiares y profesionales. Si bien al principio fue duro el rodaje en la cárcel, porque es un ámbito angustiante, pesado, luego tomamos más confianza y los internos del Pabellón 4 siempre fueron muy generosos, haciéndonos sentir tranquilos y relajados.

 ¿Qué obstáculos te encontraste durante ese proceso?

El principal obstáculo que podía tener era el hecho de conseguir el permiso para grabar dentro del pabellón. En esto tuvimos el apoyo del Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, Gustavo Ferrari, y la buena predisposición del ex director de la Unidad 23, Fernando Piralli. Sin embargo, como le sucede a Alberto a nivel político, estos apoyos eran momentáneos y todo dependía de la continuidad en sus cargos, por lo que nos apuramos lo más que pudimos, sabiendo que si la situación cambiaba el proyecto se nos podía venir abajo. De hecho, ya en la última jornada de rodaje en la cárcel, el director de la unidad había cambiado y no fue tan sencillo conseguir lo que queríamos.
Otra dificultad fue el tener dos protagonistas, ya que la película va oscilando entre el protagonismo de Alberto Sarlos, y el de su ayudante, Carlos Mena, un ex presidiario del pabellón, que es el primer ex presidiario en ser contratado por el Ministerio de Justicia para enseñar en las cárceles bonaerenses. La película empieza centrada más en Alberto y termina más en Carlos, ya que Carlos es la personificación del proyecto de Alberto. Lo difícil fue lograr un punto de equilibrio en ese coprotagonismo. Fue lo que más trabajamos en la edición.

¿Cómo te sentiste trabajando dentro de la cárcel?

Es muy angustiante estar dentro de una cárcel, la opresión se siente en el cuerpo. La primera jornada el tiempo no se me pasaba. Sin embargo el presenciar la clase de Alberto, con 50 presos en silencio escuchándolo o participando en discusiones filosóficas fue una experiencia increíble. Esa primera jornada grabamos 4 horas de material, todo me parecía interesante y revelador.

¿Qué enseñanza creés que te dejó esa experiencia?

Cada nueva película me deja nuevas enseñanzas a nivel narrativo, pero en este caso el proyecto de Alberto Sarlo creo que nos enseña que no hay objetivos imposibles. Desde hace casi ocho años Alberto se enfrenta a un sistema nefasto, y aunque él diga que a la larga va a perder, la verdad es que en el presente del proyecto le está dando una oportunidad a gente que nunca la tuvo.

¿Qué opinión tenés acerca del sistema penitenciario?

El sistema penitenciario argentino no es independiente de los ánimos de venganza y crueldad que la sociedad maneja. La sociedad, en muchos casos empujada por los medios hegemónicos y las posiciones oportunistas de algunos políticos, acepta y quiere que a los delincuentes se los someta a torturas y vejámenes en las cárceles. El ánimo punitivista que propone cada vez penas más graves y menos beneficios para los presos, a lo único que lleva es al resentimiento y no soluciona ningún problema. Si dentro de las cárceles existe más injusticia y violencia que afuera, ineludiblemente esa violencia se va a sentir también fuera de la cárcel, porque en algún momento las penas terminan y los presos vuelven a la sociedad.
Por eso me parece que aunque sea por una cuestión egoísta la sociedad debe intentar mejorar a los presos, proponerles una nueva oportunidad real para sus vidas. Esa es la razón de ser de esta película, que a través de un proyecto concreto, demuestra que es posible otro tipo de cárcel. Creo que este tipo de proyecto debería replicarse en cada cárcel y en cada pabellón, para que ya no sea sólo el pabellón 4 de la Unidad 23 de Florencio Varela, donde los presos puedan reflexionar, escribir y cambiar sus vidas.

Publicado en el marco de #MDQFEST2017

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