CASA PROPIA #RUIZ

por Mercedes Orden

Una “casa propia es la que busca Alejandro (Gustavo Almada), el protagonista del film. Este profesor de Literatura de un colegio secundario duerme aún en una piecita con una cama de una plaza, en la casa materna mientras visita departamentos con el vago plan de mudarse. Idea que nunca se lleva a la práctica sea por los costos y requisitos que complican su misión, o porque no era una prioridad hasta ahora cuando algo desencadena la urgencia para ir en búsqueda de su espacio. Uno donde nadie lo moleste.
Mientras tanto, este hombre cordobés vive con su madre quien padece las descompensaciones de un cáncer avanzado. Situación de la que se hace cargo casi por completo ya que la mujer no quiere abrumar a su otra hija quien, a diferencia del protagonista, está casada y tiene familia. Entonces el rol de cuidador recae sobre él -algo que en verdad no resulta habitual en nuestra cultura donde esa función suele quedar relegada a las mujeres- pero Alejandro no desea hacerse responsable de ese papel entonces busca sus modos de escape aunque eso también implique poner en riesgo la salud de su madre.

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Casa propia hace foco en un hombre cuya vida está hecha de a baches. Un antihéroe, sin independencia ni paz interior, que va de la escuela a su casa y de su casa al hospital, con algunas escalas de por medio ─como son el prostíbulo o la casa de su novia─ pero sin encontrar el suficiente espacio para poder reflexionar acerca de lo que quiere para su futuro. Ni un territorio firme donde pararse a analizar lo que está ocurriendo a su alrededor: esas relaciones que no logra resolver y que conforman una montaña de conflictos que opta por esconder bajo la alfombra para no tener que enfrentarse con ellos.
Una montaña que se forma, por un lado, a partir de la relación con su hermana quien juega de visitante en el cuidado de su madre mientras a él le toca hacer de local. Por el otro, la que mantiene con su novia, de quien no logra separarse pero tampoco busca solución para sus problemas sino que, al contrario, encuentra métodos para boicotear ese vínculo frágil. Y por último está el vínculo con su madre que, al haberse convertido en una persona dependiente, le quitó esa independencia relativa que él tenía.
Casa propia cobra realismo en un contexto donde el nido no se vacía de forma rápida si no que cada vez la situación y la búsqueda de estabilidad económica retardan más ese proceso. Rosendo Ruiz (En caravana) hace uso de dicho escenario para centrarse en un protagonista que, a pesar de ser fácilmente juzgable, opta por no juzgar. Una historia en apariencias simple pero de fondo compleja, donde una fotografía bien lograda acompaña a este personaje egoísta cuya forma de relacionarse con las mujeres ─ejerciendo múltiples maltratos─ deja al descubierto el enorme conflicto que arrastra en su vida. Un conflicto donde la inmadurez resulta notoria no sólo en el hecho de no concretar la casa propia sino también en la incapacidad para poder transmitir de forma adecuada toda la impotencia que siente dentro.

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