UNA PASTELERÍA EN TOKIO #KAWASE

por Mercedes Orden

Sentarō (Masatoshi Nagase) necesita un ayudante. Pone un anuncio de empleo temporal en la puerta del local y hasta allí llega Tokue Yoshii (Kirin Kiki), de 76 años, una mujer que siempre deseó poder trabajar cocinando dorayakis (pasteles rellenos de an, salsa hecha con frijol aduki) pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo de manera profesional, pese a tener cincuenta años de experiencia a cuestas.
Tokue no parece ser una opción, en parte por la edad, además de por el aspecto de sus manos deformadas. Pero ella no se da por vencida: primero, baja a la mitad la paga que él ofrece pero no logrando conseguir su objetivo, lo obliga a probar su salsa y de ese modo poder persuadirlo.
Así comienza la relación entre los dos protagonistas donde las diferencias llevan al aprendizaje. Diferencias que se detectan en el modo en que cada uno cocina pero también percibe su vida. Donde mientras él vive bajo la presión del trabajo y una deuda eterna, ella se detiene a contemplar las flores de los cerezos y se plantea el hecho de madrugar para cocinar como una oportunidad y no como un esfuerzo, aceptando que la vida siempre presenta una gran cantidad de dificultades pero no por eso se rinde. De modo que es en el esfuerzo donde reside el secreto de su receta y en el respeto por los ingredientes que usa mientras disfruta de ese proceso donde los alimentos son el alma.
La presencia de Tokue revoluciona el local. Junto al grupo habitual de colegialas, nuevos clientes aparecen. Las filas se arman y un fantasma se hace presente: el de la enfermedad de la lepra y el consecuente abandono hacia las personas infectadas, obligadas a vivir en cuarentena.

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En esta historia dirigida por Naomi Kawase, la invisibilización se observa con fuerza en dos sentidos: a nivel macro, en los infectados forzados a vivir aislados del resto de los ciudadanos sin tener las oportunidades qdel resto, y a nivel micro, en una protagonista que, al igual que ellos, es escondida de sus clientes, sin un lugar propio, reconocimiento ni posibilidades
Basada en la novela de Durian Sukegawa, Una pastelería en Tokio repara en las manos dañadas pero también en el amor que la anciana pone a la hora de hacer lo que le gusta. En la importancia del trabajo artesanal pero también en la importancia de hacer que ella, en tanto maestra, permita que su receta se convierta en un legado que traspasa a la misma artesana de la cocina.

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