CATARSIS, LO DE SIEMPRE #TEATRODEGUERRA #ARIAS

por Mercedes Orden

Theodor Adorno sugiere que, para que no ocurra otro Auschwitz, no debe tratar de olvidárselo. La curación es recordar para no repetir. Si no recuerdo, repito.

Pavlovsky, Tato. “Lo fantasmático social y lo imaginario grupal”, en Lo Grupal, Nº 1, abril de 1983

Lo que no se habla, no se cura. Lo no dicho, no permite avanzar. En su ópera prima, la dramaturga Lola Arias se hace cargo de tal situación poniendo frente a frente dos viejos “enemigos”: argentinos e ingleses. Lou Armour, David Jackson, Rubén Otero, Marcelo Vallejo, Gabriel Sagastume,  Sukrim Rai son seis veteranos de guerra de Malvinas -o Falkland, depende de quién lo diga- que se encuentran, conversan y se entienden tanto como discrepan. La apertura que se establece entre ellos posibilita el diálogo acerca de un hecho que nunca termina de cicatrizar, sino que la historia sigue su cauce tanto en sus protagonistas como en el imaginario que ambos países construyen de forma constante en sus discursos.
Mezclando documental con ficción, Arias toma un hecho traumático para argentinos e ingleses enviados al frente de conflicto. Este largometraje postula un lugar de acercamiento para que ellos quienes, hace treinta y cinco años fueron rivales, intenten elaborar ahora esa etapa sin clausura. El hecho de que el teatro sea el método para lograrlo no resulta inocente, ya que, como sabemos, tal arte fue elegido desde la antigua Grecia como el lugar indiscutido para exponer los sentimientos de la población.

Teatro de Guerra-Sukrim Rai y Marcelo Vallejo

Teatro de guerra es un proyecto que excede al mismo film. Sus antecedentes son una videoinstalación, llamada Veteranos presentada por la directora en el año 2014 y la posterior obra de teatro Campo minadoAhora le llega el turno a este documental atípico, con una fotografía a cargo de Manuel Abramovich, una clínica de proyecto de Alan Pauls y la asesoría artística de Alejo Moguillansky y Graciela Speranza.
Las reflexiones acerca de una época contada por sus testigos se proponen dejando al descubierto el dispositivo, a partir de poner por delante el detrás de cámara. Escenografías y micrófonos acompañan el modo en que el encuentro entre los protagonistas se produce. De este modo, sus testimonios se exponen sin dar espacio a  ásperas discusiones sino para compartir, desde el respeto, las experiencias que todos ellos vivieron en el frente.
Exponer como una forma de esbozar la otredad, de fomentar el diálogo, de defender el propio punto de vista pero pudiendo escuchar también el de ese otro que ahora llega y plantea algo distinto. Un punto de vista que no piensa en la clausura sino que se nutre de las distintas interpretaciones, a partir de hacer foco en el medio y no en el fin, en la catarsis en tanto modo necesario de purificación emocional.
Una otredad que Arias, de forma astuta, observa desde la individualidad, a diferencia de otros trabajos que muestran a los veteranos en tanto grupo cerrado. Una que habla no sólo del hecho de ser testigos si no, especialmente, de lo que sintieron al estar allí, al tener la muerte entre sus brazos. Es en ese punto donde recordar se postula como una prioridad pero también la necesidad de entender para poder perdonar.

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