HAZLO TU MISMO #AHÍVIENE #JACOBI

por Mercedes Orden

Una caja de pizza vaya a saber uno de cuándo, reposa arriba de la mesada. En la pileta, tazas y platos sucios se acumulan. El teléfono suena, el hombre se ofende porque quien lo llama no siguió la condición que él tiene, amenazando con que la próxima, si no lo hace sonar dos veces, no va a atender. Luego le miente al contarle que almorzó fideos con tuco, mientras se lo ve comer arvejas de una lata.
El protagonista es un ermitaño, depresivo y enfermo. La combinación no parece tener nada optimista y así es. Federico Jacobi, director de este largometraje, no pretende que este completo antihéroe se salve ni salve a otros si no que lo observa así: en el pozo cada vez más profundo donde se encuentra, sin tirarle ninguna soga.
Un personaje que se podría decir que es “un anciano”, en tanto actitud aunque no lo sea por su edad. Si no más bien por el uso del bastón, los pasos lentos -o deslizamientos, ya que se desplaza sobre patines de lana-, el cóctel de antibióticos y, en general, el estilo de vida  que lleva en medio de su encierro, sin aceptar tener alguien que lo acompañe ni lo cuide a diario, como su hijo le propone.
A la vez, su relación con él -único ser querido que aparentemente le queda- se observa tirante: de un lado, el más grande le reprocha su ausencia ante la enfermedad y fallecimiento de su esposa, mientras que el más joven hace lo mismo frente a la ausencia a lo largo de su crecimiento. Eso hace que ahora, cuando todo parece ser una bomba de tiempo, la situación explote. Las visitas se tornan incómodas en medio de pases de factura, caprichos por el lado del padre y pedidos de ayuda de un hijo que ya no sabe qué hacer con este hombre.

Ahi-viene_4.jpg

Ahí viene narra la soledad de su protagonista con una cámara que, al igual que él, pasa la mayoría del tiempo encerrada dentro de esas cuatro paredes. La autosuficiencia es la forma de vida a la que este personaje apela, aunque no parezca que el hombre pueda por sí solo. Algo que, en verdad, ya no importa porque él sabe su condición y no intenta hacer nada para evitarlo si no que se entrega a ella.
Producida con el apoyo del Cluster Audiovisual de la Provincia de Buenos Aires, la ópera prima de Federico Jacobi adapta el cuento “En camino”, de Gastón Varela. El modo de hacerlo es a través de exponer el espíritu autogestivo y sacar provecho de la simpleza como un recurso válido. El resultado es un minimalismo que se observa tanto en la cantidad de actores, los espacios y el modo de tratar el tema en sí. Pero atentos, que no por eso es un tema simple sino, como dije, sólo el modo.
¿Cómo se muestra la dejadez, la nostalgia y el recuerdo por un pasado que ya no es? Con una imagen poco saturada y canciones de tango en una radio, manchas de humedad en las paredes y el fondo de la casa lleno de hojas secas. Mientras tanto el hombre mira por la ventana, mientras espera algo que está por llegar, aunque no tenga certeza de cuándo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s