TEMPORADA DE VACAS FLACAS #NORMANDÍAALDESNUDO #1TOURDECINEFRANCÉS #LEGUAY

Por Flavia Schipper

Todo cambió para el fotógrafo Blake Newman (Toby Jones) un día de sol en el que sumergido en el bosque conoció la desnudez como un estilo de vida. Desde entonces la fotografía de personas desnudas en paisajes se convirtió su sello. La idea no es mostrar la naturaleza sino al contrario, la humanidad.

Mêle-sur-Sarthe es un pequeño pueblo de Normandía, que lejos de renovarse, atraviesa una de las mayores crisis, la del sector ganadero. Los pequeños productores en la región registran un mayor costo en la producción, les cobran impuestos más altos y el consumo de la carne local se contrae. El ahogo económico derivó en que algunos opten por suicidarse mediante el ahorcamiento en sus propios establos. Georges Balbouzard (François Cluzet) es el alcalde de la ciudad, y busca la manera de convencer a los productores de unirse y continuar luchando, pero entre ellos mismos hay otros conflictos que tienen años de antigüedad. Balbou, como lo llaman, es un hombre que dejó todo, incluso su matrimonio detrás para volcarse a la política.

En medio de una varias protestas Newman  y los campesinos se cruzarán y por esos azares el fotógrafo encuentra el lugar perfecto para su próxima toma. Un campo que que ya estaba en disputa hace años entre dos de los ganaderos. El desafío es también la oportunidad: sacarse una foto para el artista posando todos desnudos. Balbou ve esto como un medio para mostrarle al mundo la desidia que atraviesan los ganaderos, pero no todos son proclives a mostrarse sin ropa.

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Con una gran cantidad de planos que privilegian los paisajes verdes y las pieles blancas tirando a rosáceas, la película nos muestra que lo más importante, lo que se cuida, se dirime en estas dos cosas: el cuerpo y el territorio. Desde la burla a lo cotidiano, se cuestiona ese conservadurismo propio del pueblo chico, que siempre encuentra su límite, lo traspasa y el clima cambia.

Si bien la trama parece hilarse por el  conflicto económico, Le Guay profundiza sobre las historias particulares, pagando el precio de que el resultado sea una especie  de culebrón por momentos más parecido una comedia romántica, dejando un poco de lado la protesta social.  Sin embargo hay que reconocer que a pesar de la liviandad, el director se encarga de poner foto en el arte como herramienta de lucha y en la unión de los trabajadores como una razón de vida.

 

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