TRANSIT #PETZOLD

por Mercedes Orden

Hay que aprender a resistir. Ni a irse ni a quedarse, a resistir, aunque es seguro que habrá más penas y olvido.
Juan Gelman

“¿Qué sería de los Clash sin Buenos Aires, donde nacías vos? ¿Qué tal sería Pizarnik como madre de quien nacías vos?” canta Walas de Massacre. De un modo similar, yo me hago otra pregunta hipotética: ¿cómo sería un holocausto donde vivís vos?. No hablo de una nueva ola de fascismo que avanza con líderes como Jair Bolsonaro en Brasil, sino a la vieja usanza. Sí, puede resultar confuso e imposible de imaginarlo pero Christian Petzold lo logra en su nuevo trabajo. Transit adapta una novela de 1942 escrita por Anna Seghers acerca de la ocupación nazi en Francia, pero la descontextualiza llevándola a paisajes donde autos modernos, graffitis en todas partes y  personajes actuales remiten de manera indiscutida al tiempo presente.

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En ese marco aparece Georg (Franz Rogowski) un hombre sentado en la barra de un bar, tomando un café. A él lo aborda un conocido quien le encomienda una misión: entregar dos cartas -de una mujer y del Consulado de México- a un escritor alemán, el señor Weidel, a cambio de dinero. Por motivos de azar, se tropieza con una historia que de pronto le cambia la vida cuando se encuentra con la sorpresa de que el destinatario de las mismas se ha suicidado y esa desgracia le presenta la posibilidad de salvarse. Sólo hay un detalle:  tiene que hacerse pasar por él para lograr escapar de un escenario sórdido, donde los policías rodean la ciudad en busca de posibles víctimas.
El plan posible es huir a México desde Marsella, con una visa y una suma de dinero pertenecientes al escritor. Pero no todo es tan fácil, sobre todo porque abandonar el lugar implica también abandonar los vínculos establecidos en medio de esa condición de fragilidad donde todos sufren de igual medida la soledad. Personas que están en tránsito, en una situación similar a la suya, que escapan de sus tierras en busca de nuevos refugios y donde algunos quedan en el camino.
El contexto donde el relato transcurre es una especie de limbo trágico convertido en un estado actual, una jaula donde todos actúan de forma desesperada mientras buscan su modo de escape y, entre ellas, el silencio de la vergüenza. Silencio que aborda a este protagonista y lo hace pensar en la frase dos veces oída: “¿Quién olvida antes? ¿el abandonado o el que abandona?”.

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