¿CÓMO SE CONSTRUYE LA MAGIA? #TODOELAÑOESNAVIDAD #FRENKEL

por Mercedes Orden

Publicado originalmente en Revista Caligari

Imágenes de archivo, en blanco y negro, muestran el largometraje Todo el año es navidad (Román Viñoly Barreto, 1960) donde la ilusión es parte de los rostros de dos niños que señalan al cielo, de donde bajaría Papá Noel. En la escena siguiente, adornos navideños se ponen frente a cámara y de pronto, cuando se prende una serie de focos, el documental toma color.
Plaza Francia es el primer escenario escogido por Néstor Frenkel (Buscando a Reynols, Construcción de una ciudadAmateur, El gran simulador). Su música, su gente y su feria de artesanos. Ese es el modo de contextualizar un personaje que confiesa no haberse afeitado nunca en su vida. La barba es larga y ahora canosa, claro, así como la del gran protagonista  de este documental por eso nos cuenta la historia de un casting donde terminó siendo elegido. Luego el hombre vio una veta comercial y empezó la producción: pesebres hechos a mano, en cerámica, fue la primera opción escogida, a lo que se sumaron papanoeles de todos los tipos, incluso adornados con un mate.
Algunos con rulos, otros de pelo lacio, son los distintos tipos que observa el director mientras avanza en su búsqueda y continúa su camino conociendo a otros “farsantes”. Todos -o casi todos- con la misma característica blanquecina en su barba y en su larga cabellera. Hombres que dedican al menos un mes de su vida exclusivamente a ese rol, llevándolo a estadios de fútbol, clubes, desfiles en las calles, shoppings, encuentros de estatuas vivientes, plazas o boliches. Lugares variados que, si algo tienen en común es el hecho de no asemejarse en nada a la imagen que nos podemos construir acerca del Polo Norte.

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Un Buda pintado de plateado, una revista Gente con Susana Giménez sentada en el regazo de Papá Noel, una repisa con duendes, un maniquí con peluca y sombrero, un portarretratos donde aparece un perro rodeado por una boa de plumas rosa y una corona, osos de peluche con el típico gorro navideño. En Néstor Frenkel lo kitsch es ya un lugar conocido. Uno que le queda cómodo, como se observan en sus anteriores trabajos. Su séptima producción no es la excepción sino una invitación renovada a este mundo, una distinta, donde los escenarios parecen construirse en torno a esa lógica acompañados por canciones que llenan los espacios de frescura.
La construcción de universos y el modo de plantear temas frecuentes, que muchas veces naturalizamos sin preguntarnos su historia y sus personajes, vuelve a convertirse en la especialidad de este director. De modo que sigue los pasos y los rostros de diferentes sujetos en sus vidas cotidianas, los invita a que nos muestren sus ropas temáticas e incluso los observa en medio de los rituales de belleza en la peluquería, todo sea por parecerse más.
Todo el año es navidad muestra el compromiso de este grupo de hombres en el intento de simular ser quienes no son. Lo interpreten como un producto, un destino o como un modo de sentirse queridos, ellos están allí para tomar los pedidos de algunos niños, oír llorar a otros y mantener la ilusión de todos. Frenkel se interroga por una ficción, una construcción que poco tiene que ver con nosotros así como también por la manera en que ésta se construye apoyada en imaginarios y sujetos que la hacen posible.

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