EL PAISAJE EN BLANCO #HOTELBYTHERIVER #SANGSOO #MDQFILMFEST2018

por Mercedes Orden

publicado originalmente en Revista Caligari

Veintinueve de enero a catorce de febrero. Quince días le llevó a Hong Sang-soo filmar esta película. Un dato que en ocasiones puede resultar envidiable y, en otras, generar la sensación de que al relato le falta maduración o abusa de la repetición al no incluir un elemento verdaderamente novedoso. Algo que rompa con lo anterior, que se destaque. Pero, ¿por qué esto tendría que ser un aspecto negativo si es parte de lo que define su estilo de autor?.

Una voz en off presenta los pensamientos de su primer personaje: un poeta que está transitando una mala temporada cuya crisis queda expuesta en cada uno de sus gestos. Una que no veremos explotar en escena pero que se encuentra latente a lo largo del film. El hombre está en su habitación, habla por teléfono, se ubica en el bar del hotel donde se hospeda y –malentendido por medio- se encuentra con sus hijos. Él, que supo ser una figura lo suficientemente ausente como para que ellos ahora demuestren cierta distancia en el vínculo, los invita a conversar en ese hotel que, como el título anticipa, está junto al río. Reflexionar sobre el pasado y, sobre todo, acerca del temor a la muerte que se manifiesta como una sombra en su presente, hostigándolo.

Otra crisis se manifiesta, otra soledad: la de una mujer joven que se separó de su pareja. Ella está en una habitación del mismo hotel y, a diferencia del hombre, no impide que su visita suba hasta allí si no que le abre la puerta para sentirse acompañada. Esa habitación se convierte en una especie de búnker donde estas amigas están protegidas y nada de lo que ocurra fuera puede herirlas. Allí toman café y la soledad entonces, de modo paulatino, se disipa.

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Hotel by the river construye su escenario alrededor de la nieve. El exterior del hotel propone un paisaje en blanco que posibilita el encuentro entre ambos protagonistas, en medio del cual el hombre resalta tantas veces la belleza de la figura femenina que puede terminar por generar cierta incomodidad para el espectador en una repetición casi al punto del acoso, aunque también se puede leer como una excusa  –aunque efímera- por medio de la cual él huye de la muerte y se abraza a la última esperanza de vida. Mientras tanto, la nieve se apodera de todo y queda retratada por una fotografía imponente – a cargo de Kim Hyung-koo- como si se hubiese escapado de un cuadro perteneciente a los 24 Frames de Abbas Kiarostami.

Una vez más, Sang-soo hace del café un ritual y del bar un contexto donde las largas charlas resultan no sólo necesarias, sino urgentes. Intercambios donde el director surcoreano utiliza a sus personajes para plantear problemáticas con sabor autobiográfico como, por ejemplo, la reflexión acerca de la tensión entre el cine de autor y el comercial. Cuando llega la noche y la botella de soju se vacía en el restaurante, nuevamente el alcohol sirve como excusa de una sinceridad catártica. Sinceridad que desborda a los sujetos porque hace tiempo que están solos y en silencio.

A partir de hacer uso de todos los elementos habituales en este director, Hotel by the river piensa en los escapes proponiendo una narración en apariencia sencilla y sin grandes cambios temporales. Escapes que hablan acerca de las nuevas posibilidades surgidas cuando las adversidades envuelven a los protagonistas mientras los obliga a pensar en los modos de buscar una salida digna a tanto dolor.

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