¿QUIÉN ES EL MAR? #LABOYA #SPINER

por Mercedes Orden

(publicado originalmente en Revista Caligari)

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,

el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

 

“El mar”, Jorge Luis Borges

Otoño entre las hojas secas, la lluvia y las nubes. Una cámara rápida desde el auto retrata las calles de la ciudad, la autopista, el peaje, la ruta, la tierra, los médanos, hasta llegar al mar. Su director, Fernando Spiner anticipa que esta película es acerca de su amigo, Aníbal Zaldivar, quien tuvo una vida que él no vivió. Dedicado al periodismo y transformado en un poeta, él se quedó en el lugar de la infancia, Villa Gesell.
Luego de esta introducción, el documental comienza a transitar diferentes caminos donde todos confluyen alrededor de un término: el ritual. Concepto introducido ya desde el comienzo cuando se habla de esa acción de nadar mar adentro hasta la boya. Luego otros aparecen, como el de la pesca y la posterior cocción de lo obtenido. Momento en que vemos a Spiner y Zaldivar compartir una cena estableciendo una comunión entre el mar, la poesía y los recuerdos. Es en ese punto cuando el amigo rememora su inicio en el mundo de la escritura acompañado por Raúl Spiner, padre del director y un farmacéutico reconocido que supo desarrollar su lado poético mientras Fernando estudiaba en el Centro Sperimentale Di Cinematografía, en Roma.
Intercalando diferentes voces en off con un puñado de relatos que giran en torno a la vida marítima, pronto se comprende que si bien La boya promete centrarse en la figura del poeta amigo, la historia del director pugna hasta ubicarse en un primer plano.

 

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La vuelta a la casa materna, una carta que aparece, los interrogantes acerca de su ausencia son algunos de los empujones gracias a los cuales avanza este film. Un documental que se alimenta a partir de diferentes relatos para que Spiner encuentre ahora la propia voz, la familiar, la de su pasado y de una ciudad que muta y cobra diferentes formas en cada estación. El largometraje es sobre su amigo, eso no es puesto en duda, pero también es sobre su padre y sobre todos los que habitan o habitaron ese territorio que él decidió abandonar alguna vez.
Villa Gesell se transforma, entonces, en un escenario al que ahora vuelve para otorgarle otra significación, para pensar en donde nació, en los habitantes y en el modo en que entienden su relación con el mar. Entre ellos, aparecen una guardavidas, un pintor y caras “famosas” de la literatura como Juan Forn y Guillermo Saccomanno.
Planos aéreos exponen lo general para llegar a lo particular, atravesando la subjetividad del director. Una imponente cámara decide nadar en las profundidades y ser testigo de la búsqueda de nuevas respuestas. Las idas y vueltas de la playa a la ciudad con sus tensiones y continuidades, la boya como un símbolo que condensa la historia familiar de su -otro- protagonista y el mar como destino no sólo de Raúl sino también de este documental de rituales que se ven y se oyen para que sigan existiendo.

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