ROMA #CUARÓN

por Mercedes Orden

“(…)De Sica plasma la secuencia que Bazin ponía como ejemplo: la joven criada entra por la mañana en la cocina, realiza una serie de gestos maquinales y cansados, limpia un poco, espanta las hormigas con un chorro de agua, coge el molinillo de café, cierra la puerta con la punta del pie. Y cuando sus ojos atraviesan su vientre de mujer encinta, es como si estuviera engendrando toda la miseria del mundo”. Excepto por las hormigas y el molinillo, la escena de Umberto D (Vittorio De Sica, 1952) que retoman en su teoría Bazin y Deleuze –y que marca de manera inevitable un antes y después en la historia del cine- podría hablarnos de Roma, la nueva película de Alfonso Cuarón.

En el libro La imagen-tiempo, Deleuze procede: “He aquí que en una situación corriente y cotidiana, en el transcurrir de una serie de gestos insignificantes pero que obedecen tanto más a esquemas sensoriomotores simples, lo que ha surgido de repente es una «situación óptica pura» ante la cual la criada se encuentra sin respuesta ni reacción. Los ojos, el vientre, un encuentro es eso…”. Las situaciones ópticas puras son parte de la identidad del neorrealismo italiano, uno que ahora inspira a Roma donde a estas situaciones se le suman historias individuales tan importantes como las colectivas, una elección de actores no profesionales -como es el caso de Yalitza Aparicio y Nancy García García- y una ambientación en torno a escenarios reales que se luce en planos secuencia, como ese circular a partir del cual se nos presenta una casa de familia de clase alta que vive en la Colonia Roma, ubicada en el Distrito Federal.

Allí trabaja Cleo, una criada mexicana cuya mirada genera empatía. A través de sus ojos pensamos en su incertidumbre respecto al mundo. Una mirada que se ubica entre dos realidades de clase en medio de las cuales ella está sola. Sola y a la vez acompañada por una familia que no es la suya –algo que todo el tiempo se deja en claro- pero de la que de algún modo es parte y se presenta como su único sostén cuando es abandonada por el padre del hijo que lleva en su vientre.

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La figura del hombre con actitudes erráticas que abandona a la mujer se repite en su empleador, es decir, el padre de los niños que la mujer cría. Basado en elementos biográficos del director, donde toma como inspiración su infancia junto a Libo (Liboria Rodríguez), este drama se propone retratar la etapa de quiebre dentro de una familia, el momento en que la figura paterna desaparece y la madre de los pequeños –al igual que Cleo, ese alterego de Libo- también queda sola, aunque en una posición completamente distinta ya que cuenta con los recursos económicos y un círculo que la contiene. Quiebre que se observa a través de su protagonista cuya vida se ve atravesada por distintas lógicas de poder, culturas y contradicciones sociales.

A simple vista, este nuevo film de Cuarón puede resultar ambicioso y en verdad lo es. Algo que se comprueba tanto en los escenarios como en su fotografía en blanco y negro pero también en los temas que recorta. Roma habla de su infancia y de una criada pero también de una familia y un contexto histórico: México en 1971. Contexto que explota frente a la pantalla cuando vemos a Cleo atravesar una especie de odisea, con su embarazo a cuestas, calles colapsadas por una revuelta estudiantil cuya propuesta era democratizar la enseñanza. Una revuelta que en verdad ocurrió y terminó por convertirse en lo que se conoció como la Masacre de Corpus Cristi cuando “los halcones” –un grupo de choque entrenado por el gobierno mexicano y por la CIA- intentaron impedir que avance la ola de rebeldía iniciada en 1968 agrediendo y asesinando a decenas de manifestantes.
Podría creerse entonces, que en su nueva producción Alfonso Cuarón (el mismo director de películas tan disímiles como Y tu mamá también, Harry Potter y el prisionero de Azkaban y Gravity) abarca demasiado. Aspecto que en muchos directores se convierte en su talón de Aquiles, pero en este caso es su oportunidad para lucirse, para demostrar que desde la construcción del relato hasta las decisiones de cámara, desde el casting de actores hasta la banda sonora lo que se expone es el talento y maduración del director quien convierte a esta película en una especie de obra maestra de un nuevo-neorrealismo mexicano.

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