BRUJAS SON #SUSPIRIA #GUADAGNINO

por Mercedes Orden

Una joven viaja hasta Berlín con el objetivo de cumplir su sueño: poder ingresar en una distinguida academia de danza. Cuando llega, algo acaba de ocurrir con una de las integrantes del cuerpo de bailarinas de la institución. Algo que nadie puede explicar o, mejor dicho, que no tienen la intención de hacer, incluso aunque se muestren afectadas por su ausencia.
En la nueva película de Luca Guadagnino (Call me by your name), un narrador omnisciente se toma la molestia de invitarnos a ser testigos de cuerpos que se quiebran de formas escandalosas mientras una especie de profesoras-brujas guardan para sí los secretos más oscuros de la institución. Tomando licencias de la Suspiria de Darío Argento (1977) -basada en el ensayo de Thomas de Quincey y coescrita por Argento y Daria Nicolodi- el director se propone buscar el verosímil adaptando el argumento al contexto histórico político del Otoño alemán y los sucesos cargados de violencia acontecidos durante en 1977.

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Este giallo estilo Guadagnino se plantea como un thriller psicológico, haciendo del suspenso un elemento in crescendo donde nadie sabe bien lo que está sucediendo, aunque el doctor Josef Klemperer, un psicólogo, trate de ir tras las huellas y darle una respuesta a la desaparición de una de sus pacientes.
En esta nueva versión de Suspiria, lo visual cautiva junto a un relato que parece cobrar fuerza y justificarse en el poder de las imágenes. A lo que se le suma la potencia de la música a cargo de Thom Yorke (vocalista de Radiohead), haciendo que ninguno de los dos pueda resultar inadvertido. Tras poner a los aspectos formales como protagonistas, la historia pasa a un segundo plano. La simetría perfecta en la composición de planos y la fotografía de Sayombhu Mukdeeprom acompañan la oscuridad de un relato donde la sangre, la saliva y otros fluidos corporales se exponen frente a la pantalla para entregar un film donde Tilda Swinton se luce como la misteriosa profesora Madame Blanc, acompañando a la perfección a Dakota Johnson -como la alumna extranjera, Susie Bannion- en el papel protagónico.
Si bien hay quien pueda catalogar a esta remake como feminista -ya que las mujeres son el centro de esta historia-, en verdad, lo que se observa es una especie de matriarcado demonizado, donde las figuras femeninas se matan entre sí para que otras tengan un mayor poder o logren sobrevivir, mientras que el único personaje masculino obtiene un papel pasivo, de testigo, que todo ve pero poco logra.
Entonces, ¿puede pensarse este film como feminista? La respuesta es no. Suspiria está desprovista de un sentido de unión, de sororidad entre sus protagonistas, en su lugar se presenta una imagen de las mujeres como un replantamiento, una  construcción contemporánea de las brujas de la Edad Media. Al fin y al cabo, aunque se esfuercen, pasan los siglos y seguimos siendo encasilladas en el mismo estereotipo.

 

 

 

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