¿UNIDAD DE LOS TRABAJADORES? #ENGUERRE #BRIZÉ #LESAVANTPREMIERE

por Mercedes Orden

Publicado originalmente en Revista Caligari

Quien lucha puede perder, quien no lucha ya ha perdido. Con esta cita de Bertolt Brecht comienza la nueva historia de Stéphane Brizé donde una fábrica, Perrin Industrie, está a punto de cerrar y, por tanto, dejar en la calle a 1100 trabajadores. Las asambleas se convierten en el escenario principal elegido para discutir las medidas de fuerza a tomar.  Lo único que parece válido para todos es la resistencia pero lo que se pone en cuestión es el cómo.
Vincent Lindon (El precio de un hombre) vuelve a ser el elegido de Brizé. En esta oportunidad, es el sujeto que se observa -Laurent Amédéo, un dirigente sindical- pero en verdad, apenas una excusa. Lo prioritario parece ser la posibilidad de denunciar un entramado de relaciones desiguales de poder, junto a una problemática política, económica y social actual, que hace foco en lo que pasa cuando señores de traje apelan a retóricas y sonrisas, para buscar un modo de explicarles a estos hombres y mujeres que ya no son necesarios porque hay otros países donde la mano de obra resulta más barata. Decirles, entonces, que no importa que ellos ahora se unan a las filas del ejército industrial de reserva -en palabras de Karl Marx- ya que lo que le urge al capital es encontrar un mercado más rentable para acrecentar sus ganancias.
Cine social que por momentos tiene el sabor de las historias de los hermanos Dardenne pero también de observar y resolver los conflictos recordándonos al Loach del reciente I, Daniel Blake. Aquí el presente de estos trabajadores es retratado a partir de la apuesta por una cámara en mano que entiende el hecho de que una película que expone un conflicto no puede optar por la quietud, si no acompañar con el movimiento, los choques, las corridas.

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A diferencia de lo que nos anticipa el título en castellano –Una guerra silenciosa-, lo que el film expone son las diferentes tácticas a las que apelan obreros y obreras para llevar la resistencia adelante, donde la estrategia sería impedir lo que está a punto de ocurrir haciendo que su lucha tome visibilidad en los principales medios de comunicación y así se instale el tema en la agenda pública. La guerra, entonces, no será silenciosa pero está presente. Una guerra que pronto se traslada al interior del bando de esa resistencia, cuando comienzan a observarse cambios de actitud por parte de una porción de los trabajadores que se replantean las conveniencias de su presente y futuro de una forma egoísta, sin pensar en quienes tienen a su lado: los compañeros de lucha.
En Guerre denuncia con potencia no sólo la realidad actual de un país sino también del mundo donde las corporaciones son las que mandan, pudiendo incluso poner a la política a su servicio y a los dirigentes como sus títeres capaces de ser usados y descartados dependiendo sus intereses. Aquí lo humano no es una prioridad sino un elemento que se denigra, al que se le arranca la dignidad tanto como se pueda, algo que Brizé muestra con astucia. Una mentalidad sin empatía, donde lo único que rige es el valor del mercado sin importar los altos índices de desempleo ni las familias que amplían el porcentaje de pobreza. Frente a la impotencia que genera esta situación, lo único que queda es oponerse, y para eso, como bien se muestra, es necesario estar unidos, poner las ideas pero también -y sobre todo- el cuerpo con la ilusión de que la luche llegue a un buen puerto.

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