SINIESTRO TOTAL #KOKODIKOKODA #BAFICI #BAFICI2019 #COMPETENCIAINTERNACIONAL

por Mercedes Orden
publicado originalmente en Revista Caligari

En Conversaciones con Enrique Pichon-Rivière sobre el arte y la locura, Vicente Zito Lema le pregunta al psiquiatra acerca del significado de lo siniestro, quien lo define como la antítesis de lo maravilloso: “(…) cuando uno está dominado por lo siniestro y logra superar ese estado angustiante, doloroso, surge lo maravilloso como expresión de calma”. Ninguna calma ni maravilla se detectan en Koko di Koko da, la segunda película de Johannes Nyholm donde el director sueco elige narrar una especie de leyenda infantil malvada que se ensaña con los personajes para llevarlos a situaciones de angustia y terror.
En esas mismas conversaciones, Pichon-Rivière relaciona el término con el padre del psicoanálisis,  Sigmund Freud, quien, en su texto “Lo ominoso” planteaba:

“La palabra alemana «unheimlich»  es, evidentemente, lo opuesto de «heimlich» {«íntimo»}, «heimisch» {«doméstico»}, «vertraut» {«familiar»}; y puede inferirse que es algo terrorífico justamente porque no es consabido {bekuiint} ni familiar. Desde luego, no todo lo nuevo y no familiar es terrorífico; el nexo no es susceptible de inversión. Sólo puede decirse que lo novedoso se vuelve fácilmente terrorífico y ominoso; algo de lo novedoso es ominoso, pero no todo. A lo nuevo y no familiar tiene que agregarse algo que lo vuelva ominoso.”

Freud, Sigmund. “Lo ominoso”, en Obras completas. Volumen XVII, p.220

En lo siniestro, entonces, habría algo atribuido a un sentimiento de malestar ante lo nuevo que se presenta como terrorífico cuando irrumpe en lo familiar. Dicho concepto hace del hilo que recorre esta historia sueca cuyo punto de partida es una niña la cual nos es presentada mientras elige el regalo un día antes de su cumpleaños. El objeto escogido es una caja musical. Los padres le advierten: no puede abrir el obsequio hasta el día siguiente. Luego van a almorzar maquillados como conejos. La calidez de la comida al aire libre pronto se quiebra cuando el primer golpe ocurre: una alergia atribuida a los camarones hace que las vacaciones se pongan queden interrumpidas y la familia deba ser traslada de urgencia al hospital.
Al día siguiente, los padres se disponen a armar un desayuno de cumpleaños pero rápidamente acontece el segundo golpe que obliga a anular el festejo. Un hecho trágico se presenta de modo irreversible: la niña ha muerto. La trama da un volantazo y la dulzura inicial de climas retratados en colores pasteles se desvanece para dejarle su lugar a la desgracia. Una que no deja de ocurrir sino que cobra diferentes formas. Hecho que se comprueba cuando los padres de la pequeña se proponen ir a acampar en un bosque solitario donde reciben visitas tan extrañas como son los dibujos de la caja musical corporizados en una mujer despeinada, un señor con bastón y sombrero, un hombre alto cargando un animal muerto y un perro salvaje, cuya intención es clara: no dejar en paz a la pareja.

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Inspirada en una canción infantil -sobre un gallo muerto que ya no volverá a cantar- Koko di koko da cobra la forma de un mal sueño de hora y media de duración. Como cuando estás durmiendo y una pesadilla te invade. Lográs salir de ella, respirás al tomar consciencia de que no fue real. Entonces te volvés a dormir y caés en una nueva pesadilla. Aquí la escena que se repite hasta el cansancio es la del camping, la cual cambia el modus operandi de esos personajes extraños pero donde siempre el final termina de manera trágica. Repetición que permite pensar a esta historia como una prima siniestra y “hanekiana” de El día de la marmota que expone a sus protagonistas a una serie de torturas constantes de las que no pueden escapar sino que caen, una y otra vez, en una especie de “neurósis traumática” -en palabras de Freud-.
El recurso de la repetición lleva la película de Johannes Nyholm hasta el punto del hastío, donde ya resulta conocido el desenlace de las escenas planteadas, quitando el valor de la sorpresa y sosteniendo el relato, exclusivamente, en la inquietud respecto al proceder de cada tortura. La potencia visual y narrativa del comienzo del film, genera una expectativa que, a lo largo del desarrollo de la trama, va perdiendo el interés. Comprobando que este film bien podría haber tenido eficacia si hubiese sido un corto o un medio pero no como un largometraje que en el sinsentido de su reiteración encuentra el punto más débil.
Sinsentido que alcanza también al concepto de lo siniestro donde el exceso de tortura y sadismo no encuentra ningún punto de calma ni una mínima justificación que expliquen el motivo por el cual esta pesadilla nunca se acaba sino que invita a los espectadores a ser testigos de la repetición del trauma.

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