LA JUVENTUD EN GRIS #LOSMIEMBROSDELAFAMILIA #BENDESKY

por Mercedes Orden
publicado originalmente en Revista Caligari

Sabemos que siempre presenta una dificultad el hecho de volver a los lugares que alguna vez fueron de alegría, sobre todo si esos instantes resultan lejanos en espacio y tiempo. A Lucas (Tomas Wicz) y Gilda (Laila Maltz) les toca una tarea aún más difícil: ir a la ciudad y a la casa donde su madre falleció de forma trágica. Convencidos de que será express su pasada por ese lugar, los hermanos se pelean para decidir quién duerme en la habitación de la mujer y quién en el sillón mientras se niegan a usar el baño donde el hecho ocurrió, asegurando que “pueden aguantar”, total cuando llegue el día, irán a desprenderse de los restos de su madre y ya podrán irse tranquilos, con la ilusión de que no les sigan sucediendo cosas malas. Pero cuando el sol sale, los contratiempos comienzan también, en especial, al enterarse de que un obstáculo entorpece su plan.
El segundo largometraje de Mateo Bendesky (Acá adentro) narra la relación entre los hermanos, los únicos miembros de la familia a quienes veremos en pantalla. En el reencuentro entre estos adolescentes, en el pase de facturas, en el enojo pero también en el amor y en el diálogo acerca del deseo de no repetir la historia de su madre, avanza la exposición del vínculo mientras los días pasan. El accionar de los protagonistas va cobrando diferentes formas que se explican desde la juventud que los acompaña, y en medio de ella, se observa la confusión lógica de tener que regresar, encontrarse con los recuerdos, los fantasmas, junto a la necesidad de desprenderse, marcharse y cerrar una etapa.
La trama de Los miembros de la familia gira en torno a la inmovilidad. Inmovilidad de los cuerpos y los territorios; de la casa a la que cuesta volver a entrar, donde todo quedó como antes de que pongan la faja de clausura y de los personajes que, a causa de un paro de transporte, se ven impedidos de regresar a su hogar. Inmovilidad e impotencia que también compete a la elaboración del duelo que cae sobre Gilda y Lucas.
Si bien cada uno tiene sus asuntos para atender -Lucas preocupa por las nuevas relaciones mientras Gilda piensa en Pedro, un hombre que genera la inquietud de su hermano menor-, de algo ambos son conscientes: detrás de las soledades que los invaden, está la comprensión de que lo único que tienen por real es el vínculo entre ellos.

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De fondo, el Partido de la Costa se hace presente para entregarle al relato un clima gris, sórdido como es la playa en invierno. Un telón de melancolía que atrapa a estos personajes y los mantiene quietos en ese paisaje, cobrando peso propio la locación. Un escenario que no parece identificarlos pero en donde buscan el modo de cargarlo de cierta impronta subjetiva, de algo donde logren hallarse, ya sea por la necesaria construcción  de nuevas relaciones así como anécdotas. Ya que en los duelos también hay espacio para la dispersión y entonces Bendesky entrega un lugar a las fiestas, los paseos en auto, los encuentros, descubrimientos y al envío de nudes. Instantes en los que esos hermanos buscan pequeños escapes al dolor de su realidad, para aferrarse a la vida, para no dejar de ser jóvenes.

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