“NUEVA MENTE” #DELAORDEN

por Mercedes Orden

Nueva Mente comienza por lo que para otros es el final de un ciclo: los objetos desechados. A partir de allí, emprende un recorrido que intercala voces del material de archivo hasta llegar a las de quienes se hacen cargo de lo que otros prefieren no ver, no pensar, como es el tratamiento de la basura. Concepto que el director relaciona con momentos críticos de Argentina como fueron la dictadura militar de 1976 y la crisis de 2001.
Ulises de la Orden vuelve a apostar por el documental para interrogarse acerca del destino de los residuos, pero también de quienes trabajan con ellos. A partir de una decisión observacional, la cámara presta atención a sus protagonistas, miembros de la cooperativa Bella Flor, quienes narran acerca de sus vidas y cómo llegaron a la decisión de formar parte de un proyecto colectivo que separa y clasifica los residuos para su reciclaje, generando empleo y buscando, dentro del CEAMSE, una alternativa a la exclusión social.
Lo colectivo cobra un rol fundamental -como ya el director lo hacía en el documental anterior, Amanecer en mi tierra-, convirtiendo a la cooperativa, por un lado, en un espacio de toma de consciencia y reflexión, y a la vez, una oportunidad para salir adelante de forma conjunta cuando el Estado deja descubiertas necesidades básicas. Toma de consciencia, también como un término clave en el cine de De la Orden quien ya en su ópera prima, Río arriba, narraba acerca de la industria azucarera, su relación con las comunidades aborígenes y las múltiples violencias que históricamente cayeron sobre esta última.

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En su nuevo trabajo, el director analiza la figura del ciruja, la importancia del reciclaje y la falta de políticas gubernamentales reales; la necesidad de organizarse por parte de los vecinos, de hacerse visibles en un escenario vulnerable y de abusos, de dar una respuesta a la indigencia.
De la Orden pone el acento en lugares donde otros no llegan. Historias que salen a la superficie y se cuestionan el olvido e invisibilización a ciertos colectivos, pero también, en este caso, el impacto ambiental y la falta de consciencia de la población en general. “Somos los únicos que metemos la mano en la mierda y salvamos el planeta, ¿y eso quién lo ve?” dice una de las integrantes de las cooperativa. Una afirmación que condensa el trabajo por el que pocos se preguntan pero que vive con nosotros y comienza después que abrimos la puerta y salimos a descartar todo eso que pensamos que ya no sirve.

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