LA ESPERA “EL LLANTO” #FERNÁNDEZ

por Mercedes Orden

Y cuando sus ojos atraviesan su vientre de mujer encinta, es como si estuviera engendrando toda la miseria del mundo“.
La imagen-tiempo, Gilles Deleuze

“(…) mientras que a ella le arden los ojos de tanto aguantarse las ganas de llorar de miedo”.
Épica urbana, Juan Solá

El interior del país, un pueblo. La intimidad de un hogar observado a partir del presente de una mujer embarazada, Sonia (Sonia Ortíz). Mientras Elías (Elías Aguirre) se ausenta por trabajo, ella queda a la espera. Allí ve pasar las semanas en el silencio de las cuatro paredes, sin tecnologías a la vista, sólo una lámpara prendida cuando la noche se hace inevitable. La pobreza se confirma sin que ella reniegue de su presente. La tranquiliza saber que si espera en la despensa, recibe alguna llamada de Elías y que si visita a su médico, él le puede traer de la ciudad una carta de su marido. Luego vuelve a la quietud de su casa, de su pueblo, de su embarazo.
El llanto narra la soledad de su protagonista, la temporalidad congelada en largos planos secuencia que acompañan la rutina de esta mujer como así también, del espacio que habita. A partir de apostar por planos simétricos y una cámara fija, se muestra la inmutabilidad de los días, el modo en que los mismos parecen repetirse desde que sale el sol hasta que cae.

Ellanto5.jpg

Filmada en Primer Ingenio Correntino -pueblo ubicado a 20 kilómetros de la capital- el segundo largometraje de Hernán Fernández (La piel marcada) exhibe el peso del machismo y la religión en una sociedad que naturaliza y reproduce su lógica conservadora. Un machismo donde el rol de la mujer parece ser subsidiario, como el de quien se queda en su casa -a la espera de su compañero y del hijo en camino- mientras el hombre sale al mundo en búsqueda del pan. Mientras que la religión, a través de las lecturas diarias de la Santa Biblia, permite construir una ilusión, una respuesta, un consuelo a la situación actual en donde la resignación se disfraza de una convicción acerca de que así fue cómo lo dispuso Dios.
El llanto se mide en el silencio, en la soledad, no como un acto que lo confirma sino como un clima que atraviesa a toda la trama. Interpretada por una actriz no profesional, la protagonista funciona como exponente de la pobreza estructural. Lejos de la celebración de un “baby shower”, de los obsequios y grandes preparativos para el bebé en camino, la mujer intenta sobrevivir, llegar al día siguiente.
En este escenario, la oscuridad se convierte en una decisión estética justa, donde la luz natural coopera en la construcción del clima del relato. Una oscuridad parcial en una casa humilde. Una vida con más esperas que encuentros, con más incertidumbres que respuestas, con una protagonista que mira sin que sepamos qué, como la criada de Umberto D, en medio de esa situación óptica pura que recupera Deleuze en La imagen-tiempo:

He aquí que en una situación corriente o cotidiana, en el transcurrir de una serie de gestos insignificantes pero que obedecen tanto más a esquemas sensoriomotores simples, lo que ha surgido de repente es una «situación óptica pura» ante la cual la criada se encuentra sin respuesta ni reacción. Los ojos, el vientre, un encuentro es eso…

Del mismo modo, Sonia no encuentra motivos para reaccionar y Fernández lo tiene en  claro. El llanto recupera en silencio los ojos, el vientre, la incertidumbre de una mujer que es también la de una familia obligada a separarse, la de una clase, la de un país, de una región. En medio de este aire de sueño o de pesadilla, todos, desprotegidos, esperan.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s