DE LUCES Y SOMBRAS. “BALDÍO” #INÉSDEOLIVEIRACÉZAR

por Mercedes Orden

¿Qué hace una madre cuando su hijo pide ayuda a gritos pero no se deja ayudar? ¿Cómo actúa frente a ese otro que ama en medio de una situación tan frágil como es la adicción, frente a la voz de ese ser que tuvo en su vientre y que ahora vuelve a su casa diciendo que tiene frío pero que hace de sus retornos un abuso de confianza? Son estas preguntas algunas de las que conviven con Brisa (Mónica Galán). La mujer encuentra atravesada por dos realidades disímiles: un mundo profesional lleno de luces y fama y por el otro, uno oscuro, lleno de sombras, que habita en la nocturnidad y resulta de la relación con su hijo Hilario (Nicolás Mateo).
En Baldío la nostalgia construye el hilo del relato, no sólo por la elección estética del blanco y negro y los fundidos que entrelazan las escenas sino también por la regresión del joven cada vez que vuelve, de forma infantil, en búsqueda de la ayuda de Brisa, junto a los reproches tardíos que hace Félix (interpretado por Gabriel Corrado), el hombre del que se separó hace quince años y el mismo que hoy resulta una figura casi ausente en lo que ocurre con su hijo.
Este drama dirigido por Inés de Oliveira Cézar narra el presente de una actriz reconocida quien, tanto en la vida personal como profesional sufre una serie de adversidades. Mientras observa cómo la vida de un ser querido es consumida por su adicción al paco, ella busca el modo de internarlo, pero el joven rechaza la idea y escapa de todos los intentos; en paralelo, le toca hacer frente a los imprevistos que ocurren dentro del set, como son la pérdida del vestuario o del actor principal.

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Baldío opta por una protagonista femenina que, pese a tener un techo y una estabilidad económica, se encuentra en la intemperie, en un espacio que cobra diferentes formas; en una mezcla salvaje de sentimientos, donde la amistad y el amor no faltan, pero tampoco la soledad y el dolor. El título aborda ese desamparo y coopera con el clima de la película. Desamparo que vive Brisa al tratar de ayudar a Hilario, y el de este hijo alienado por su situación. Un espacio por donde deambula pero no sabe cómo actuar ni habitar. Un terreno que simplemente está, como esta mujer ubicada en su presente.
La séptima película de la directora muestra las distintas tonalidades del gris sin caer en sensacionalismos ni golpes bajos, esquivando, con inteligencia, estereotipos de clase y lo hace de modo solemne tanto en su música como en su fotografía, donde los primeros planos acompañan la situación de una protagonista encerrada en su realidad.
Apoyada en la edición de Ana Poliak y con un guion basado en hechos reales, Inés de Oliveira Cézar  vuelve a apostar por otro personaje protagónico femenino que le permite a Mónica Galán -fallecida en enero de este año- lucirse en la que sería su despedida del mundo del cine. Una película- que transmite la impotencia de una madre, un silencio en plena búsqueda de respuestas y un deseo de salir, de poder correrse de la situación de dolor, de encontrar un equilibrio que quizá no vuelva.

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