LA IGLESIA QUE ARDE: “POR GRACIA DE DIOS” #OZON #GRACEADIEU

por Mercedes Orden

Alexandre (Melvil Poupaud) es un empresario, casado, padre de cinco hijos y con un estilo de vida católica que, a simple vista, puede resultar sin grandes sobresaltos, hasta que la pregunta de un viejo compañero del grupo de boy scouts acerca de si él también sufrió los abusos por parte del sacerdote Bernard Preynat durante su infancia, interrumpe su estabilidad. Una pregunta que actúa como disparador poniendo en suspenso la rutina del hombre al ser consciente de que ese cura sigue en contacto con niños, como podrían ser sus hijos. Intercambios de mails, charlas familiares y reuniones comienzan a remover lo que había quedado reprimido llevando a Alexandre a reflexionar que tras estos hechos sufridos en Lyon, Francia, entre las décadas del 80 y 90, lo que subyace es la complicidad de la iglesia como institución al encubrir a sujetos que apelan a la confianza y abusan de su poder para ejercer diferentes modalidades de violencia sobre menores de edad.
La variedad en la obra de François Ozon ya había confirmado que es un director que toma riesgos y Por gracia de Dios no es la excepción. Si bien en esta nueva producción no se observa una narrativa intrincada como en sus anteriores thrillers, ahora la complejidad se ubica en el nivel temático y actancial; en la psicología de los personajes donde, detrás de Alexandre aparecen otras víctimas, con vidas disímiles, que reaccionan de diferentes modos al hecho de recordar su pasado. Entre ellos, François (Denis Ménochet) y Emmanuel (Swann Arlaud), quienes unen sus esfuerzos en el deseo de que se destituya a Preynat pero también, de ir más allá .

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Basado en hechos reales, Ozon (FrantzEl amante doble, Joven y bonitaEn la casa) toma las noticias y los testimonios de la asociación La Parole libérée -creada en 2015- como corpus para la construcción de un sólido relato de ficción. Una frase dicha en conferencia de prensa por el cardenal Barbarin, al afirmar que “gracias a Dios” -Grâce à Dieu, como en el título originallos delitos quedaron prescritos, actúa como punto de partida para este film de denuncia que no va contra la religión católica como tal sino contra la opacidad e impunidad por parte del aparato que hay detrás de ella.
Ganadora del Gran Premio del Jurado en el último Festival Internacional de Cine de Berlin, la película de 137 minutos hace énfasis en estos personajes para exponer los distintos grados de vulnerabilidad a la hora de enfrentarse a situaciones adversas como es volver a un trauma de la infancia y la dificultad para ponerlo en discurso. Mientras que del otro lado lo que se retrata es una gran dramatización al interior de la institución: donde la preocupación de los otros miembros y el arrepentimiento de los curas, con una cuota elevada de cinismo, dejan al descubierto el falso intento en revertir la situación, donde el interés de fondo está puesto en detener la ola de repudio social para que todo vuelva a su ritmo habitual.
Pero en la ficción como en la realidad, el ritmo habitual ya no existe porque los abusos sexuales son en la actualidad un tema de agenda y Ozon, con una mirada ágil, que apela a flashbacks de las víctimas y a diferentes interpretaciones que ellos hacen acerca de Dios, retoma estos sucesos y plantea una película que es también una toma de consciencia y una invitación a reflexionar acerca de los abusos de poder y la impunidad de la iglesia, reproducida “Ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”.

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