¿CAMARADA O ENEMIGA? “PLANTA PERMANENTE” #RADUSKY #MDQFILMFEST2019

por Mercedes Orden

Lila y Marcela trabajan en el sector de limpieza de un edificio público. Los años y las jornadas compartidas generaron entre ellas un lazo de unión y confianza expresado en los gestos cotidianos. A la par, mantienen un comedor en alguno de los recovecos olvidados del lugar, donde se encargan de proponer a los empleados un menú distinto para cada día. Pero de un momento al otro el equilibrio se quiebra. La solidez de ese lazo entra en tensión cuando una nueva gestión asume y con ella, una directora llega al edificio, acompañada por un método de trabajo distinto y una actitud ambigua que, tras las sonrisas, esconde actitudes donde se exponen relaciones desiguales de poder.

Dirigida por Ezequiel Radusky (co-director de Los dueños, 2013), Planta Permanente trata diferentes temáticas que competen a las irregularidades de las gestiones públicas ya conocidas, como son la precarización laboral, los temores ante la renovación del contrato, el pase a planta, las condiciones de trabajo y sus lógicas. Rosario Bléfari y Liliana Juárez interpretan a trabajadoras cuyas jornadas se ven atravesadas por el malestar al interior de la institución, las promesas incumplidas, el abandono de proyectos y la incertidumbre respecto al cambio.

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“Los contratados son carne de cañón y más si vienen con la gestión anterior”, afirma uno de los personajes explicando que los directivos necesitan ubicar a su gente por tanto suelen echar más personas de las que ingresan. Algo que no las afecta a ellas de forma directa, ya que son parte de la planta permanente, pero sí a un círculo cercano que ve afectado su trabajo por los recién llegados –entre ellos, la “sobrina” de la nueva directora- y por el clima que impera en el edificio. De pronto, la relación de confianza, donde una de ellas le ficha a la otra para que no le cuente la llegada tarde, o la acompaña a revisar los legajos fuera de hora poniendo en riesgo su puesto de trabajo, se quiebra y expone que, junto a la precarización laboral, lo que emerge es la fragilidad de los lazos. -si de un lado se observan gestos de camaradería, del otro impera un sálvese quien pueda sin ningún gesto de empatía-.

Radusky plantea un drama que funciona como un retrato preciso de lo que ocurre al interior de los organismos estatales. El guion (escrito junto a Diego Lerman), se apoya de manera segura en la realidad argentina para construir una ficción donde los despidos, la precarización laboral y las normas disciplinarias ayudan a afianzar el pacto de verosimilitud con el espectador logrando que la relación entre estas dos compañeras no genere extrañeza, sino que proponga una crítica social ácida de las distintas relaciones que emergen dentro de estos espacios.

 

 

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