TODOS LOS FUEGOS: “O QUE ARDE” #LAXE #MDQFILMFEST #ASTORDEORO2019

por Mercedes Orden

El infierno son los otros
Jean-Paul Sartre, A puerta cerrada

Amador (Amador Arias), obtiene la libertad condicional al cumplir con dos tercios de su condena. Vuelve al pueblo donde alguna vez provocó un incendio, pero no hay nadie que lo espere, o al menos eso aparenta. Llega a la casa de Benedicta (Benedicta Sánchez), su madre, la encuentra trabajando la tierra. Ella lo observa, no lo abraza, no hace ningún comentario sobre el tiempo que estuvo afuera, sobre cómo está, solo el silencio y la preocupación de la mujer acerca de si tiene hambre.
Ella es la única que lo recibe en un lugar donde las miradas y los rumores lo condenan. Ella, su perra Luna y las tres vacas. Amador sabe que está fuera de esa sociedad por tanto no fuerza las situaciones ni su reinserción. Actitud que se puede observar condensada en la escena de un velorio, donde entre besos y palabras de pésame, los habitantes saludan a una viuda. Él la conoce, pero no se acerca. Llegó hasta el cementerio para acompañar a su madre. La espera fuera del auto, mira de lejos, sin participar de la ceremonia, como si fuera un simple chofer y no un integrante más de ese pequeño pueblo de Galicia.
O que arde narra acerca de un hombre en su lugar de pertenencia. Premisa que resulta llamativa puesto que el protagonista no aparenta estar cómodo en este escenario. La niebla, la lluvia, el humo cooperan en construir el clima de confusión que atraviesa su presente, como así también a la totalidad del relato. Confusión que va más allá de la mirada de los vecinos y alcanza a los cambios configuracionales del pueblo, entre árboles caidos y el turismo que se proyecta como una promesa.
La incomodidad de unos y otros cobra forma a partir del silencio. Decisión potente en una película donde cada frase parece ser una pista más para que entendamos lo que ocurre, para observar cada uno de los fuegos a los que se enfrenta. Alejandra Pizarnik alguna vez escribió:  “(…) cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”, y del mismo modo puede pensarse los diálogos al interior de O que arde, como aquel donde Benedicta, concluye “si hacen sufrir es porque sufren”. Allí habla de la naturaleza, pero también de su hijo y de cada uno de los que dan vida a ese territorio. El modo de actuar de ellos. El rencor y la contradicción que sienten respecto a Amador.

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Óliver Laxe (Mimosas, Todos vosotros sois capitanes) construye una atmósfera donde la verosimilitud del pueblo se construye a través de la observación cercana de los vecinos, pero también de los animales -como en la bella escena donde una vaca enferma es observada al detalle con Suzanne, de Leonard Cohen, de fondo-, de las casas de piedra, de las preocupaciones y rumores que giran en torno a ese lugar. Rumores que actúan como condena, enunciados que cooperan en la demonización y exclusión de Amador promoviendo un mayor clima de confusión.
La naturaleza es filmada en toda su intensidad. Es ella la única que parece ser verdadera, la única protectora en un escenario donde prima lo devastado. La fotografía a cargo de Mauro Herce pone toda su atención en ella y en el modo en que el hombre la destruye. Las maquinarias derriban los árboles hasta encontrarse con uno cuyo tamaño las paraliza. Los bosques arden y no parece haber modo de calmarlos. Como así tampoco a este pueblo.

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