ABRAZA LA OSCURIDAD: “VITALINA VARELA” #COSTA

por Mercedes Orden

Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad.
El verdadero cementerio es la memoria.
Rodolfo Walsh, Carta a Vicky

Vitalina llega hasta Lisboa para despedir a Joaquim. Llega tres días después de que haya concluido el funeral. Nada tiene para hacer allí, le advierten. En verdad sí, falta su propio duelo, la necesidad de enfrentarse ante la pérdida. Vitalina Varela es el retrato de los días posteriores de la viuda luego del fallecimiento de su marido, una película de pasajes, derrotas y anonimatos, en medio de la melancolía y el sueño caído.
En su nueva obra, Pedro Costa vuelve a ubicarse en el lugar de lo devastado a partir de abordar los espacios con un clima lúgubre, con una oscuridad como decisión estética y temática. Oscuridad inmanente a los relatos de vecinos inmigrantes, depositados en un barrio cuya configuración resulta similar a la de un cementerio. Los muros de las casas diminutas asfixian a los cuerpos que parecen ocupar nichos. Cuerpos que deambulan en procesión, que merodean sin destino por pasillos angostos. Este barrio-cementerio hospeda a muertos en vida, seres invisibles que emigraron con la esperanza de un futuro próspero; con promesas e ilusiones como la de Joaquim a Vitalina, mujer que estuvo esperando por varias décadas un boleto de avión.
El silencio justifica la oscuridad. Un silencio fúnebre que exalta la pesantez de la ausencia y le otorga su propio cuerpo. Vitalina Varela es la narración acerca de un duelo donde parecería que todas las etapas ocurren en simultáneo, donde la falta es vivida entre la depresión y la ira, entre lo no dicho y lo no vivido. A lo largo de dos horas de duración, Costa apuesta por retratar un tiempo presente donde el pasado no deja de ocurrir. El resquebrajamiento de las paredes, las arrugas puestas en primeros planos y la fatiga que acompaña a los pasos en pies que se arrastran, hablan de la decadencia, otorgando a ese pasado una forma fantasmagórica que inmoviliza a los personajes dentro de la situación actual.

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Si en Caballo dinero (2014) Vitalina no era más que un personaje secundario alrededor de Ventura, ahora logra convertirse en la protagonista de esta historia. La figura de la mujer proveniente de Cabo Verde que llega a Portugal para despedir a su compañero es la justificación que encuentra Costa en su nuevo film para llevar a cabo una denuncia sobre la migración en Europa. El autor deja en claro que no pretende mostrar de forma general el conflicto, sino que se centra en algunos aspectos y sujetos que condensan en rostros y acciones, sus historias de vida y sus padecimientos. Se basa en fragmentos, en imágenes recortadas del fondo a partir de un hábil trabajo de iluminación. Expone las partes y no el todo. Abarca a ciertos personajes, a los objetos que los rodean, para representar su presente en un híbrido entre documental y ficción, poniendo a esta última a disposición de la primera para echar luz a un estado actual.
La oscuridad estética marcha en paralelo con la psicología de una protagonista en plena necesidad de transitar su dolor, de ponerlo en escena creando su propia despedida para así llevar a cabo la elaboración ante la pérdida y lograr que la oscuridad ceda. La película logra crear un clima sombrío con composiciones perfectas que encierra a los personajes generando una sensación de claustrofobia, de quietud donde la memoria actúa como un cementerio.
Vitalina Varela es un film que abraza las penumbras, que se fortalece a partir de ellas. La potencia dramática se encuentra en todos sus rincones: en las escuetas palabras, pero también en los gestos; en la corporalidad pero también en la crudeza del relato en una Portugal que parece estar escondida, que no es la que se nos pretende mostrar a menudo sino como parte de un continente que expulsa incluso cuando recibe. La belleza emerge en cada plano, en los rostros y las ausencias, en los silencios de hombres y mujeres que no hablan puesto que son conscientes de no tener voz.
Como resultado final, lo que entrega Pedro Costa es, sin lugar a dudas, una obra maestra donde la atención está puesta en los sentidos a partir de llevar a cabo una observación sublime sobre la marginalidad y el lugar del inmigrante en la configuración mundial. En verdad, su no lugar, su invisibilización, el encierro y el silencio al que es relegado. Silencio, soledad y oscuridad como contexto en medio de los cuales estos personajes aman, desean y también mueren en el anonimato.

 

 

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