BRASIL: UN ESBOZO DE LA RESISTENCIA “BACURAU” #MENDONÇAFILHO #DORNELLES

por Mercedes Orden

¡No se dejen seducir!
No admitan la explotación.
¿Qué miedo los va a conmover?
Morirán como las bestias.
¡Y después no hay nada más!

Bertolt Brecht

Ataúdes de extraña procedencia invaden la ruta mientras un camión intenta, en vano, esquivarlos. En medio de zigzagueos, la cámara llega hasta un pueblo, dando una señal acerca de una de los tópicos centrales de Bacurau: la muerte; de una mujer, de los habitantes de este lugar pero también de un territorio periférico que comienza a desaparecer del mapa. La mujer es Carmelita, una antigua pobladora, y figura que justifica la presentación llevada a cabo por Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho acerca de un grupo de vecinos. A través de sus cánticos, despedidas y rituales, de sus pérdidas y fortalezas; estos moradores se guían por sus costumbres y una organización comunitaria que suple los servicios básicos que sus gobernantes no les aseguran.
En este espacio, los políticos son figuras repugnantes que solo se presentan para hacer campaña entre promesas incumplidas y donaciones de productos vencidos o en mal estado, dejando en claro que a ellos no les interesa el bienestar ni la dignidad de la mayoría sino mostrar sonrisas para las fotos, intentando esconder sus propias ambiciones. Pero el resto lo sabe y lo comprueba en gestos de desidia como el hecho de tener bloqueado el suministro de agua potable. La situación los lleva a desconfiar, a ni siquiera ir a reclamar sus derechos porque la relación se encuentra quebrada, sin canales de comunicación que medien, solo el desencanto.
En Bacurau -pequeño pueblo imaginario al norte de Brasil que le da nombre a la película- todo mantiene un ritmo regular gracias a los habitantes de estas tierras, son ellos quienes marcan las pautas, los que buscan el modo de habitar el espacio manteniendo sus propias lógicas, de seguir existiendo aunque estén aislados, hasta que extraños sucesos comienzan a ocurrir poniendo en suspenso la tranquilidad conquistada. Entre ellos, un dron con apariencia de ovni que sobrevuela el territorio, un camión de cisterna baleado y una pareja de forasteros que irrumpe con la excusa de haberse salido del camino. Pronto el clima de misterio comienza a ir en aumento como así también la violencia que llega junto a los desconocidos.

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En su anterior trabajo (Aquarius, 2016) Mendonça Filho proponía una narrativa crítica con un discurso en defensa del territorio, la memoria y contra los abusos de poder; ahora vuelve a hacerlo en otra clave, junto a Dornelles, con una propuesta que atraviesa distintos géneros para construir un ambiente de extrañamiento e incomodidad dentro de este pueblo que se ve invadido, primero, por los políticos y luego, por un grupo de extranjeros cuya aparición resulta confusa e intrusiva.
Bacurau
apuesta por un futuro cercano para construir un esbozo de la violencia en Brasil. En el planteamiento de su punto de vista, el film no se construye en tanto cine estrictamente político sino que se deja inspirar por elementos de género y las ideas de un contexto y de un país para construir una parábola donde dicha violencia se pone de manifiesto de forma física y simbólica, a partir de diferentes modalidades y personajes – en un elenco con notables figuras como Sonia Braga y Udo Kier-.
Elementos de ciencia ficción son intercalados con recursos narrativos de western para enunciar una crítica social, donde se insinúa pero no se confirma, y que pese a la libre interpretación que pueda hacerse, obliga a la reflexión acerca de la vida en los márgenes y a las condiciones de producción en medio de las cuales surge este relato. Un marco en donde el cine brasilero está actuando como un exponente de forma literal o metafórica de los años trágicos en materia política y social que vive el país. Un momento donde los realismos se construyen a partir de diferentes claves y en este caso -como podría ser en Era uma vez en Brasilia, de Adirley Queirós- la ciencia ficción sirve como herramienta para la construcción de una denuncia. Un cine combativo, que no se deja inmovilizar por el estado de situación sino que resiste en el terreno cultural.
Bacurau es el retrato de una crisis, el relato acerca de la necesaria unión de un pueblo en medio del intento por defender lo que les pertenece, de no dejarse seducir por políticos de turno que intentan hacer caridad en las semanas previas a la elección, ni mucho menos, aceptar su desaparición. El dron, las escopetas, los caballos, en medio de estas tierras aisladas son apenas una excusa, un modo de decirnos que, al fin y al cabo, de lo que se trata es deunirse y resistir.

 

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