ELLOS Y LOS OTROS: “PARASITE” #JOON-HO

por Mercedes Orden

¿Por qué los secuestradores prosperan?
¿Por qué sonríen los diputados?
Tienen plan.
Vos no tenés plan.
Vicente Luy

“Ellos” son los que están en la cima, los “de arriba”, los que reparten “las ayudas sociales”, los que nos convocan para ir a la guerra, los que nos multan, los que nos hicieron dividir la familia en la década de 1930 para evitar la reducción en la asignación familiar, los que “nos controlan nuestra vida”, los que “no son de fiar”, “hablan con una papa en la boca”, “son inescrupulosos”, “nunca te dicen nada” (por ejemplo, con referencia a un familiar internado en un hospital), “te meten entre rejas”, “te aplastan si pueden”, “te dan órdenes”, “forman grupos cerrados” y “te tratan como basura”.
Richard Hoggart

En la actualidad, la desigualdad social es presentada en el discurso audiovisual desde varias aristas que invitan a reflexionar acerca de los modos en que la violencia puede ser percibida a través de diferentes modalidades. En los últimos años, la institución familiar ha resultado ser un fundamento para exponer esta temática logrando la atención de críticos y festivales reconocidos. Sin ir más lejos, Shoplifters, de Hirokazu Koreeda, logró la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cannes 2018 a partir de presentarnos a una familia no tradicional de la clase baja japonesa, mientras que en 2019, el premio mayor lo obtuvo Bong Joon-ho quien se sirve de esta institución, para retratar dos mundos opuestos que convergen en Corea del Sur.
Parasite presenta a cuatro sujetos que viven en un sótano buscando una red de WiFi para colgarse y ver si llega un mensaje con alguna changa como el armado de cajas de pizza. En medio de una situación de estancamiento social y vulnerabilidad, el matrimonio compuesto por Ki-taek (Song Kang-ho) y Chung-sook (Jang Hye-jin), junto a sus dos hijos, Ki-woo (Choi Woo-shik) y Ki-jung (Park So-dam), habitan un departamento diminuto donde los objetos se apilan, los cuerpos no encuentran un espacio personal y el exterior los sorprende entre fumigaciones asfixiantes y borrachos que orinan su ventana.
Una tarde, cuando Min-hiuk (
Park Seo-joon), amigo de Ki-woo, los visita para obsequiarles una piedra de la riqueza, trae consigo un ofrecimiento: la posibilidad de que el joven lo remplace en su trabajo como tutor de Da-hye (Jung Ji-so), la hija de una familia adinerada, mientras él esté de viaje. Pese a haber desistido en el intento de alcanzar algún tipo de nivel académico, la desesperación empuja a Ki-woo a aceptar el trabajo falsificando los documentos necesarios para obtener el puesto. Luego de estudiar su personaje de hombre serio y responsable, llega a la colina donde viven los Park, siendo recibido por la puerta principal.
El hecho de ser recomendado por Min-hiuk permite que rápidamente Yeon-kyo (Cho Yeo-jeong) se convenza de que el joven es el indicado para ejercer como profesor de su hija terminando por ganar su confianza cuando el recién llegado le ofrece lo que ella necesita: una terapeuta de arte para Da-Song (Jung Hyeon-jun), el menor de la familia. Claro que esta incorporación -y no la última- también se legitimará a partir de falsear la realidad, llevando a Ki-jung a tener que aprender su personaje, memorizando lo acordado antes de presentarse en la residencia Park: “Jessicahija únicaIllinoisChicago. Compañero de clase Kim Jinmo, es tu primo..”. Engaño que resulta plausible ya que los empleadores no parecen interesados en las vidas de sus empleados sino que simplemente toman los servicios que prestan, su fuerza de trabajo.

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Parasite construye un relato donde diferentes sujetos buscan el modo de salir de la pobreza a cualquier precio, aún cuando ello implique vivir de forma parasitaria a costa de otros sujetos, convirtiéndose en huéspedes que de forma paulatina debilitan ese otro organismo, en este caso, condensado en una familia tan adinerada como ingenua que habita dentro de una amplia casa construida por un arquitecto de renombre. Una especie de burbuja donde el empresario Park (Lee Sun-kyun), su esposa y sus hijos viven completamente aislados e indiferentes de lo que ocurre fuera de ella, a partir de reproducir el egoísmo y la falta de empatía en cada una de sus prácticas.
Los escenarios funcionan como una de las claves para visibilizar los contrastes ya que es en ellos donde se pueden observar los estilos de vida que ambas familias reproducen. Sus hogares esbozan las barreras infranqueables que se presentan en sus mundos: uno superficial, de sujetos visibles, con muebles de diseño, cámaras de seguridad, pequeños perros y grandes adornos florales, frente a otro de tipo subterráneo con personajes que se encuentran en desventaja e intentan hacer lo que sea necesario para escapar de su realidad teniendo el deseo de vivir, al menos por un instante, en las superficies, de resultar visibles, aunque para lograrlo tengan que apelar a planes no menos egoístas.
Bong Joon-ho vuelve a hacer uso de una variedad de géneros narrativos para desplegar una  trama que pone en escena las diferencias sociales dentro del sistema capitalista a partir de mantener un trasfondo violento. Violencia que tiene su origen en lo estructural, con una clase invisibilizada, criada y reproducida en un contexto que incluye a sus miembros a partir de expulsarlos de toda posibilidad de adquirir privilegios, de conquistar espacios académicos y laborales prósperos, obligados a estar por debajo de los verdaderos protagonistas, a ser sus servidores. Violencia que se acumula en un argumento pesimista y termina por explotar de la peor manera.
El director de Okja, Memories of Murder y The Host plantea una historia donde los roles impuestos por la cultura occidental y la dificultad para evadirlos son examinados en el intento de cambiar la situación, poniendo en escena interpretaciones precisas y un guion cuyos golpes y contragolpes llevan a los espectadores del drama al thriller, sin olvidar los descansos que entregan los momentos de comedia.

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El hecho de que Joon-ho se haya graduado en la carrera de Sociología de la Universidad de Yonsei no es un dato menor sino otra de las claves para pensar el modo en que se construye el film donde la potencia visual coopera en el retrato de la conflictividad social. Si tomamos el concepto central de la teoría sociológica de Pierre Bourdieu, se puede detectar el esfuerzo que la película pone a la hora de retratar el habitus de sus personajes, entendiendo este término como el sistema de disposiciones por medio del cual las personas realizan prácticas no conscientes condicionadas por la clase a la que pertenecen.
Parasite presenta a sujetos que no pueden escapar a las estructuras de las prácticas y representaciones que los conforman sino que las naturalizan y reproducen en cada una de sus experiencias. Lo hace a partir de escapar a los lugares comunes y moralistas optando por ir más allá en el planteamiento preciso de un análisis de la desigualdad social y las prácticas de clase. Lejos de juzgar, Joon-ho observa al detalle, muestra los gestos que las identifican, los discursos que circulan en ellas, a lo largo de un tránsito frenético por distintos climas que nos mantienen alerta por dos horas, sin que sepamos, hasta último momento, cómo todo puede llegar a desencadenarse pero siendo conscientes de que si el capitalismo lleva en sí la semilla de la destrucción -como diría Karl Marx-, entonces,  difícilmente podamos dar con un final feliz.

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