¡QUE VIVAN LXS ESTUDIANTES!: “ESPERO TU (RE)VUELTA” #CAPAI

por Mercedes Orden

Que vivan los estudiantes
que rugen como los vientos
cuando les meten al oído
sotanas o regimientos.
Violeta Parra

El 4 de Octubre de 2019, en Chile, el Gobierno de Sebastián Piñera dio a conocer la suba de las tarifas en los pasajes del Ferrocarril Metropolitano. Los estudiantes del Instituto Nacional no tardaron en reunirse y buscar una estrategia de lucha para visibilizar el rechazo a esta medida. Lo primero fue un meme y luego la decisión de organizarse entre escuelas para que cada una tome una acción directa en la estación de metro más cercana. La primera evasión fue el 7 de octubre y tuvo como escenario la estación Universidad de Chile. Pronto los medios de comunicación y las redes sociales difundieron otros metros donde la acción se repetía.
El 17 se sumaron los trabajadores y pronto, todo el pueblo estaba en la calle poniendo el cuerpo para exigir sus derechos, sin retroceder un paso. Herederos de la Revolución de los Pinguïnos (2006), una vez más los estudiantes sirvieron de ejemplo para poner en cuestión el sistema establecido. La movilización juvenil, su toma de consciencia en una sociedad que parecía estar adormecida y su valentía fue apenas el principio de una lucha que aún continúa en Chile. Ante la represión de los carabineros sedientos de sangre, el pueblo respondió con su mayor arma: la unión.
Espero tu (re)vuelta retrata el mismo espíritu de valentía, en otro rincón, pero con una lucha compartida. El documental dirigido por Eliza Capai (Tao long o aquí,  O jabuti e a anta) se enfoca en diferentes tomas en colegios de Brasil, entre 2015 y 2017. En una América Latina donde la opresión siempre se encuentra a la orden del día, el film pone su atención en el modo en que los estudiantes se organizaron, encendieron una llama y mantuvieron prendida la lucha en las aulas y en las calles.

Copia de Lucas Koka Penteado_by Carol Quintanilha

A través de las voces en off de tres jóvenes -Lucas “Koka” Penteado, Marcela Jesus y Nayara Souza- se presenta el conflicto, los diferentes reclamos y las modalidades de resistencia. En medio de diálogos, discusiones y algunos acuerdos la documentalista logra construir un discurso homogéneo a partir de encontrar el punto de lucha en común con un montaje  que resulta tan potente como el objeto que recorta. Esta lucha atestiguada se inserta en un contexto social, económico y cultural atravesado por una crisis política, que Capai sitúa a fines de la presidencia de Dilma Rousseff, pasando por el impeachment, hasta llegar a las vísperas de la toma de poder del presidente de ultra derecha Jair Bolsonaro, enmarcando esa llegada en un clima de mayor pesimismo, donde los derechos humanos son golpeados de manera constante y la democracia retrocede a grandes pasos.

Copia de Nayara Souza_by Carol Quintanilha

Las voces de los adolescentes se ubican en primer plano, como así también sus rostros y sus cuerpos, convirtiéndose en las modalidades expresivas de esa resistencia. Todos ellos actúan en oposición al desencanto generalizado con el fin de defender sus ideales, de no bajar los brazos incluso en un contexto donde todo podría parecer perdido. Koka, Marcela y Nayara son los elegidos para retratar un presente. Son ellos quienes toman la palabra para hablar en nombre de los oprimidos e intentar no inhibirse cuando el aparato represivo del Estado abusa y avanza sobre sus libertades. Son los que acompañan al pueblo y tienden puentes con acciones colectivas para pelear por una misma causa: el Pase Libre en el transporte público y la necesidad de buscar un acceso real a la educación que incluya a la clase baja.
Es evidente que no faltan discursos que demonizan a los estudiantes acusándolos de drogadictos o de romper todo -los Eduardo Feinmann están en todas las clases y a lo largo de todo el continente- pero tampoco los que entendemos el gesto político de fondo en el hecho de ocupar los espacios. Así como Capai, esperamos que las revueltas no se apaguen y sigan ocurriendo hasta que los derechos de una educación pública y de calidad sean conquistados. Al fin y al cabo, esos jóvenes que aprenden a organizarse a los golpes, reaccionan en contra del orden capitalista y piden un mundo más igualitario, son nuestro futuro y por eso, en vez de reprimirlos o cuestionarlos, hace falta salir a la calle y acompañarlos.

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