VIOLENCIA ES EL ESTADO PATRIARCAL “NIÑA MAMÁ” #TESTA

por Mercedes Orden

La historia del estado es la historia del patriarcado
y el ADN del estado es patriarcal.
Segato, Rita. Contrapedagogías de la crueldad

Una voz fuera de cuadro entra en diálogo con una joven de veinte años, madre de cuatro hijos. Su rostro, en primer plano, expresa su deseo de no volver a pasar por una sala de parto. Tiene la decisión de ligarse las trompas de falopio, pero un sistema de salud deficiente obstaculiza el planeamiento de la intervención. La voz de la trabajadora social explica: la lista de espera de más de sesenta mujeres y la dificultad para adelantar su caso, ya que ella no es la excepción sino emergente de un estado de situación. Cuando le pregunta por el padre del recién nacido y por el cuidado hacia ella, la joven concluye diciendo que con él no se puede hablar. La primera escena condensa el conflicto de Niña mamá, la nueva película de Andrea Testa (Pibe Chorro, La larga noche de Francisco Sanctis), o mejor dicho, el conjunto de conflictividades que atraviesan a un sector vulnerable que sufre la violencia patriarcal a partir de diferentes modalidades: domésticas, institucionales, obstétricas y contra la libertad reproductiva.
En blanco y negro, con planos fijos, las historias de madres adolescentes se presentan, distintas historias de vida constan de continuidades culturales que se detectan en cada discurso. El aborto como tabú para varias, el embarazo que hay que seguir adelante incluso en tanto castigo para la madre -figura que se declara culpable por haber disfrutado de su cuerpo y su sexualidad-, la falta de consciencia de que la maternidad debería ser deseada. Discursos que se originan y reproducen como parte de un sentido común que justifica su experiencia, su accionar, donde la moralidad permanece latente cuando diferentes aspectos exponen el poder sobre el cuerpo de las mujeres. Un poder que deja al descubierto la desigualdad de clase, la falta de empatía social y la exclusión.

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La cámara logra la confianza para retratar lo que ocurre al interior de dos hospitales del conurbano bonaerense, Paroissien, en Isidro Casanova y Bocalandro, en Loma Hermosa. Expone las falencias del Estado argentino y la salud pública, pero también de la cultura y de una sociedad que expulsa estas vulnerabilidades y las repite al marginar. La voz en segundo plano les pregunta, las invita a cuestionarse, a ser protagonistas al menos de este documental, que las cuida, les brinda una contención, les entrega un espacio propio para pensarse, pero siendo consciente de que cuando salen del consultorio, la realidad vuelve a ser otra.
Testa retrata las violencias y la soledad de esas mujeres sin un círculo sólido que las contenga como así tampoco el resto de las instituciones ni de la comunidad. Niñas que sin ser capaces de proyectar su futuro, se convierten en madres en un contexto que legitima las desigualdades, y donde no se les permite cuestionar sino acatar por el hecho de ser mujeres, de clase baja y por convencerlas de que ellas no cuentan con derechos. Cuerpos sumisos que sufren en silencio, aceptan más allá de sus intereses y saltean etapas a sus doce o quince años. El hogar, la iglesia, la escuela, los medios de comunicación les enseñan de manera errática que sus sueños no son suyos, que no tienen la opción de decidir, amarradas a vínculos violentos que confirman ese discurso.

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Expresiones inocentes de las entrevistadas exponen la naturalización de las apropiaciones de sus cuerpos. El patriarcado es el que decide, de forma literal o imaginaria, mientras una de ellas confiesa que llevó a cabo un aborto no seguro por pensar que su pareja no quería tener otro hijo. No es difícil deducir que el empoderamiento y la revolución de las mujeres aún no genera los espacios reales para que se sientan incluidas estas chicas que no le pueden pedir a sus parejas que las cuiden, las acompañen a las consultas o en el parto, donde la única caricia que reciben es la de un guante de látex de una profesional.
Niña Mamá presta atención a cada respuesta, como así también al lenguaje no verbal, a los rostros que contienen las lágrimas, a las omisiones y la incapacidad de decir. Fija la cámara en presentes invisibilizados, en los diferentes tipos de abusos puestos en palabras. Violencias físicas, psicológicas y simbólicas a causa de imaginarios moralistas, conceptos y tensiones que circulan, lastiman y matan. Testa -acompañada por un equipo conformado por Francisco Márquez, Gustavo Schiaffino, Abel Tortorelli, Lorena Moriconi, Andrea Perner, Luciana Piantanida– vuelve a mostrar una preocupación genuina por un cine crítico y comprometido que da voz a los (las) sin voz. Invita al debate y nos interpela en una exposición cruda y a la vez respetuosa acerca de una problemática urgente que no admite tibiezas y evidencia la necesidad de que el cine no olvide que puede ser un medio para la reflexión y -¿por qué no?- para la transformación social.

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