LO QUE ASFIXIA: “FAMILIA” #CASTRO

por Mercedes Orden

El corte de pelo antes de salir a la ruta. El cigarrillo encendido en el santuario del Gauchito Gil a modo de ofrenda. La noche en el hotel. La ruta otra vez. Todo ocurre a lo largo de veinte minutos, en una especie de ritual que parece repetirse todos los años y donde el silencio apenas se interrumpe por algún intercambio con los empleados que Edgardo Castro -en su versión de actor/director- cruza a lo largo del viaje. La llegada a la casa de los padres abandona ese silencio absoluto para dar con otro de escasas palabras pero donde todo logra comprenderse o, al menos, aceptarse.
Castro construye una ficción junto a su familia, a partir de ubicarlos frente a una cámara que observa sus acciones en medio de una proximidad agobiante. En la casa encontramos a un padre con problemas de audición (Felix Agustin Castro), una madre fanática de las telenovelas (Alicia Mabel Pepa) y una hermana que hace las veces de cuidadora (Magda Castro). Ellos, junto a Edgardo, se convierten en los personajes puestos en primer plano para retratar las costumbres de quienes habitan ese espacio. La casa ocupa allí el lugar de escenario para la construcción de una atmósfera de encierro, donde Comodoro Rivadavia no es vista desde sus paisajes sino desde la lógica de una familia noctámbula, las pastillas para dormir, los juegos del celular, la televisión y los cigarrillos prendidos en la mesa mientras los demás comen.

Familia, de Edgardo Castro (3)

Del mismo modo que ocurría en su ópera prima, La noche -donde también era actor, guionista y director-, Castro se esfuerza en intentar difuminar los límites entre ficción y realidad con el fin de construir un falso documental que habla de un hijo que de forma casual o causal vive lejos de sus padres y hermanos. Ese no parece ser motivo suficiente como para que se intente recuperar el tiempo perdido a través de las charlas sino que el visitante se adapta al lugar, a sus rutinas, sin intentar comprender lo que ocurre en medio de ese encierro.
Lo no dicho sobrevuela en esa atmósfera y da forma al film. La falta de diálogo, de comunicación, la clausura del lenguaje se mantienen a lo largo de los noventa minutos acompañados por una cámara testigo de la relación familiar que busca exponer al detalle su intimidad mientras se detiene en los gestos, los maquillajes, las ropas, la decoración de ese hogar.
Castro no abandona la temática de la nocturnidad que había comenzado a explorar en su trabajo anterior sino que a partir de un método similar pone la atención en otra arista de la misma. Si antes lo que predominaba era el exterior -los personajes y rincones de una Ciudad de Buenos Aires hostil-, en Familia lo que emerge es esa casa donde las tecnologías irrumpen con fuerza y donde las pantallas moldean el vínculo otorgándole una dinámica original entre el Candy Crush, las cenas compartidas, los rituales festivos y El sultán.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s