EL AMOR SOBRE TODA DIFERENCIA SOCIAL: “LAS FURIAS” #GARATEGUY

Por Mercedes Orden

 Leónidas (Nicolás Goldschmidt) sale de la cárcel con la furia en su cara. La sed de venganza se detecta en su mirada, en sus pasos, gestos y cicatrices. El deseo de recuperar el tiempo perdido, de escapar de su pasado -como se condensa en un primer sueño- cobra fuerza cuando se reencuentra con Lourdes (Guadalupe Docampo), su amada, en medio de un escenario árido que los envuelve. Los obstáculos pronto se corporizan, los fantasmas del pasado no parecen dispuestos a dejar de perseguirlos.
Tamae Garateguy (Pompeya, Mujer Lobo, Hasta que me desates,50 Chuseok) dirige un drama romántico, con un guión escrito por Diego Fleischer, donde las diferencias sociales imperan en una historia arriesgada a nivel estético. Una tragedia al estilo Romeo y Julieta es llevada al tiempo presente y ubicada en el desierto mendocino a partir de apostar por elementos de distintos géneros cinematográficos que le otorgan su mixtura.
Las diferencias de origen se detectan a simple vista entre el joven sobrino de un cacique huarpe (interpretado por Juan Palomino) destinado a heredar ese rol en su comunidad, y la hija de un terrateniente abusivo (Daniel Aráoz). Un hombre que disfruta de su poder generando relaciones de sumisión y dependencia en diferentes direcciones dentro de su pueblo y de quien Lourdes buscará escapar, luego de ser víctima de sus abusos sexuales, chocando de forma azarosa con Leónidas, a quien le tocará el rol de héroe/salvador. Sin pensarlo demasiado, la pareja de enamorados se propone romper con las imposiciones familiares y huir para construir la historia que ellos desean vivir.

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Las furias es una película pasional, de personajes que gozan, sufren, y buscan el modo de correrse de un dolor explicado a través de una sucesión de flashbacks. El deseo se convierte en el motor de un relato en el que los contrastes se exageran, tanto en la fotografía, como en la caracterización de estos jóvenes insumisos que parecen salidos de una novela adolescente de Cris Morena.
Mientras la historia avanza, la sangre salpica dos temporalidades entrelazadas en lo que en apariencia sería una simple tragedia romántica pero donde otros temas aparecen de fondo, a saber: las relaciones de poder, la violencia de género y clase, y entre dichos conceptos, el de propiedad de las tierras/ de los cuerpos. En verdad, de lo que Lourdes y Leónidas escapan es de esa idea de dueñidad en un pueblo conservador que parece destinado a no poder quebrar con su historia, incluso aunque en la repetición se vean obligados a sacrificar las grandes historias de amor.

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