EL FIN PATEA LOS TALONES: “CAMPING” #BILOTTI

por Mercedes Orden

No hay ninguna píldora
que te ayude a borrar lo feo.
Siempre hay buenos recuerdos.

Coiffeur

Cuatro cintas caseras abren la película como un clásico documental autobiógrafico: en las tres primeras vemos la infancia de la directora, Luciana Bilotti, registrada por su padre con una filmadora VHS en mano. La cuarta muestra un viaje por la ruta, y tras ella, ocurre un quiebre. Un cambio en el modo de registro acompaña un cambio en el pacto con el espectador al pasar del documental a la ficción -si es que podemos pensar los dos términos por separado-. Ambos estatutos mantienen un elemento en común, el viaje en auto de una familia, a la vez que dejan entrever cierta impronta autorreferencial.
Estefanía (Martina Pennacchio) llega a un camping junto a sus padres Sara (Ivana Catanese) y Marcos (Diego Velázquez) y su amiga Sofía (Ivana Catanese), a ese territorio de veraneo, de juegos y múltiples formas de vinculación que se hacen y deshacen en cada temporada entre socios conocidos vueltos a encontrar en un espacio en común. Estas dos amigas juegan a las escondidas, ríen y se meten en la pileta mientras esperan ansiosas la llegada de un chico que Estefi conoce de otros veranos. No han abandonado aún las muñecas pero ya comienzan a preguntar y verse interpeladas por el amor. Entre esas contradicciones que conviven, van dejando atrás la niñez para dar la bienvenida a una preadolescencia que se abre paso de forma definitiva.

6. Marcos y Pato en la pile0

Camping retrata el principio de un milenio entre canchas de paddle, linternas, Flota flota, carpas, segundas marcas alimenticias y celulares monofónicos, dentro de un territorio donde los personajes se esfuerzan por conseguir, de algún modo, el bienestar personal. Entre ellos emergen los grandes temas que el film toca: las diferentes formas de interpretar el amor y la amistad, pensados y repensados al interior de una historia tan simple como sólida en su planteamiento.
El fin de la niñez de Estefanía y Sofía no es lo único que patea los talones y causa confusión sino que la clara tensión se detecta entre los padres a partir de la dificultad para pensarse como pareja, pero también de forma individual. Las ausencias de Marcos, que prefiere estar solo en su velero, los reclamos de Sara, al comprender el peso de lo irreversible, los gestos de ambos y la dificultad para lograr llevar a cabo una actividad en conjunto o retrato familiar, hablan a partir de la omisión. Lo que no se dice, se siente en este híbrido entre documental y ficción donde la amenaza de una tormenta -literal y metafórica-, se avecina.
La ópera prima de Bilotti, con música original de Coiffeur, se interroga acerca de las vincularidades apelando a planos cerrados que atrapan a los personajes en climas agobiantes. La naturaleza -a la que tanto atiende la fotografía- convive con las diferentes historias y climas confirmando que el aire libre también puede causar asfixia.

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